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Excelencias de las legumbres

Mayo 30th, 2010

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski,  de la que se ha realizado la siguiente copia.

Las legumbres, más que guisos

Prevalecen en los platos de cuchara, si bien en el recetario han dado un salto cualitativo como ingredientes de recetas diferentes


Las legumbres son una fuente básica de proteínas con un aporte calórico consistente: de 280 a 400 calorías cada 100 gramos. Contienen también entre dos y tres veces más hierro que la carne, aunque es hierro no hemo, que se absorbe peor que el de origen animal, si bien la vitamina C de los alimentos con los que se combinan (pimiento verde, tomate, cítricos) mejora el grado de asimilación. Estas evidencias saludables les han devuelto su sitio en una dieta equilibrada, superadas las décadas en que se dejaron en el olvido. A menudo, se las ha relacionado con obesidad e, incluso, con una escasa despensa, pero ahora son sinónimo de comida equilibrada y riqueza en los fogones.

Legumbres en ensalada

- Imagen: La.blasco -

Las legumbres frías o templadas constituyen un plato único para los días de calor, cuando se precisa menos cantidad de calorías y más agua. Se completan con hortalizas y aportan vitaminas, minerales y sustancias con acción antioxidante. Optar por una vinagreta en el aliño logra un sabor intenso que hace posible evitar la adición de sal, algo beneficioso para personas hipertensas o con problemas de retención de líquidos.

Las lentejas son un ingrediente óptimo para elaborar recetas completas y nutritivas. A la vinagreta, con germinados, con nueces o, incluso, con lechuga, manzanas y apio, la legumbre por excelencia es un plato muy completo.

Las habas, tiernas o secas, suponen un aporte muy interesante de fibra. Su preparación en platos fríos comenzó como un “invento” de la nueva cocina, pero se reveló como una opción curiosa, atractiva y fácil. Con ellas se puede elaborar una ensalada de habas ligera, en calzón o con la tradicional lechuga.

También es posible elaborar ensaladas con alubias blancas y con alubias negras, una opción más original y tal vez difícil, pero con un contenido excepcional en minerales, por el que merece la pena intentar convencer a los comensales. Mucho más habituales, pero también ricas en nutrientes, son las recetas con garbanzos, en ensalada, que puede complementarse con arroz e, incluso, con tomate y pechuga de pavo.

Cremas y aperitivos

Si se añaden condimentos carminativos a las legumbres durante la cocción, se facilita su digestión y se reduce el cúmulo de gases

¿Qué tal un capuchino de lentejas? Esta receta es una propuesta vanguardista para integrar las legumbres en los menús más especiales. Sin necesidad de ser tan rompedores, se puede optar por otras cremas que proporcionan hidratos de carbono, proteínas, pocas grasas y fibra, además de diversidad de vitaminas y sales minerales. Se puede dar un toque al curry a las mismas lentejas o acompañarlas con unas cigalas o gambas.

Los guisantes son un ingrediente que liga muy bien en crema sin perder las cualidades, como en la crema de guisantes, idónea para hacer frente al estreñimiento. La receta puede complicarse si se añaden espinacas, champiñones y paleta ibérica. Para un día especial, se puede convertir el puchero tradicional de alubias rojas en una crema con todos sus sacramentos, sin olvidar el chorizo.

El cacahuete es también una legumbre. Muy especial y con características particulares que comparte con los altramuces, son más calóricos pero también más proteicos. No obstante, son uno de los alimentos más proclives a provocar alergia. Los cacahuetes son idóneos como aperitivo y frecuentes en recetas, aunque conviene no abusar de ellos ni de su mantequilla e, incluso, es preferible evitarla debido a su contenido energético.

No se puede olvidar la legumbre en puré por excelencia: el garbanzo. Las posibilidades de éste convertido en humus o paté le hacen idóneo como entrante.

De segundo plato

Las legumbres se han revelado como un ingrediente muy adecuado en ensaladas y purés, pero también lo son para elaborar falafel, albóndigas o croquetas. Las albóndigas de garbanzos son una manera perfecta de llegar a ellos o, si se opta por las de soja, se abrirá el paladar a una legumbre muy sana, pero todavía marginada en el recetario.

También se comen las legumbres con tenedor en forma de croquetas, con guisantes fritos, si se parte de alubias rojas y se añade tomate, o se convierte la soja en brotes rehogados.

Si se acompañan de una guarnición vegetal de hortalizas frescas en ensalada o con un ligero cocinado, las hamburguesas de legumbre se pueden servir como segundo plato. Resultan sorprendentes y apetitosas y son una manera saludable de integrar estos alimentos básicos en los menús infantiles. Todas las legumbres permiten elaborar hamburguesas con ellas, como la soja o los garbanzos. La mezcla en la misma receta de arroz u otros cereales, como el cuscús o el mijo, revaloriza la calidad de la proteína vegetal.

FIBRA SIN FLATULENCIA

Un problema de las legumbres, con independencia del método de preparación -aunque en los guisos es más acuciante-, son los gases que provocan, la flatulencia y la hinchazón abdominal. La causa de este exceso de gases es uno de sus componentes: los oligosacáridos no digeribles, en concreto, la rafinosa y la estaquiosa. Estos compuestos son resistentes al ácido gástrico y a la acción de las enzimas digestivas y, por tanto, entran intactos en el intestino grueso, donde las bacterias que residen en él los fermentan.

Como consecuencia de esta fermentación se forma gas, un hecho que explica los problemas de meteorismo y flatulencia tras la ingesta de legumbres. Para esquivar este malestar, además de masticar bien los alimentos y comer y beber despacio, ya que así se evita ingerir una cantidad excesiva de aire, conviene terminar la comida con una infusión digestiva, como manzanilla u otras.

De cualquier forma, si se añaden a las legumbres condimentos carminativos, como comino, anís, romero, tomillo o hinojo, entre otros, durante la cocción -sea en puré, ensalada o pasadas por el chino para quitarles la piel-, se facilita su digestión y se reduce el cúmulo de gases.

Autor: Por MAITE ZUDAIRE

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El consumo de huevos

Noviembre 30th, 2009

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski, de la que se ha realizado la siguiente copia.

Claves para un consumo seguro de huevos

Conocer el proceso de producción y qué indica la etiqueta ayuda a una mejor selección y manipulación de este alimento

El huevo es un alimento sano y de un alto valor nutritivo. Cuenta con barreras físicas, como la cáscara, y químicas. Alguno de sus componentes lo protegen frente a la contaminación bacteriana. La yema, rica en nutrientes, es un medio idóneo para la proliferación de patógenos. La clara, en cambio, tiene mecanismos naturales de protección contra ellos. Conocer la estructura del huevo garantiza un consumo seguro y la posibilidad de tener toda la información de trazabilidad para localizar posibles riesgos.

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- Imagen: Loreine Barbosa

La cáscara es una defensa natural de protección de los huevos. Les confiere una importante barrera contra la contaminación. Es el indicador más claro de que el alimento está en condiciones óptimas de consumo. Por esta razón, se rechazan los huevos que tienen la cáscara rota, con alguna fisura o sucia. En este último caso, la suciedad es sinónimo de mayor actividad microbiana, es decir, los microorganismos penetran antes y en mayor cantidad en el interior. Este aspecto explica que, en ocasiones, se involucre en toxiinfecciones alimentarias. Según datos del Centro Nacional de Epidemiología, de 1998 a 2001, del total de intoxicaciones alimentarias notificadas en España (3.818), el 38,5% se relacionaron con el consumo de huevos y derivados.

El principal factor que contribuye a estos brotes es la temperatura inadecuada de conservación, en especial, durante los meses más calurosos del año. La mayoría se registran en el domicilio particular, con un porcentaje de infección superior al del ámbito de la restauración colectiva, restaurantes, catering o escuelas, afirma la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica. Conocer en qué consiste el proceso de producción o qué indica la información de la etiqueta permite localizar los puntos críticos y seleccionar la forma más correcta de manipulación. En el análisis realizado por CONSUMER EROSKI sobre huevos de diversos tipos (convencionales, camperos, omega 3 y de gallinas criadas en el suelo) se destacan algunos de los principales defectos de estos alimentos, así como las características específicas de cada uno de ellos.

Tamaño y categoría

Se recomienda conservar los huevos refrigerados tras su compra, tanto en restauración colectiva como en el domicilio

El proceso de producción del huevo se inicia en la granja, en la explotación ganadera de las gallinas. Estos huevos se envían a los centros de embalaje, donde se seleccionan y clasifican según el tamaño: S, pequeños, menos de 53 gramos; M, medianos, de 53 a 63 g; L, grandes, de 63 a 73 g; XL, de 73 g o más; y categoría (A y B), que indica la calidad (A, de primera calidad, frescos; B, de segunda, que no se consideran frescos).

Desde los centros de embalaje, los huevos se distribuyen a los comercios, establecimientos de restauración colectiva o industria alimentaria. Todos estos centros cumplen con una estricta normativa de higiene en cuanto a manipulación, que aplica el sistema de Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico (APPCC), además de las normas específicas que afectan a la comercialización del huevo.

Trazabilidad

Seguir el rastro del huevo, desde la granja hasta su consumo, a través de todas las etapas de producción, transformación y distribución ayuda a encontrar posibles puntos frágiles que vulneran la seguridad en el consumo. La finalidad de la trazabilidad es mejorar la eficacia del sistema de control de la inocuidad de los alimentos a lo largo de la cadena alimentaria. De esta manera, si aparece un problema, se dispone de la información necesaria para proceder a su localización dentro de la cadena alimentaria, identificar las causas, adoptar las medidas correctoras y, si es necesario, retirar la partida del mercado. En el caso del huevo, se añade, antes de salir hacia su destino, información sobre la granja y el productor de origen, además de otros datos de interés como la fecha de puesta.

Los dígitos impresos en los huevos facilitan una información útil al consumidor y a las autoridades sanitarias. El primer dígito informa sobre la forma de cría de la gallina: (0) producción ecológica, (1) campera, (2) cría en el suelo y (3) producción en jaulas. Los dos siguientes dígitos son las letras identificativas del país de la Unión Europea donde se han producido. El código correspondiente a España es “ES”. El resto indican el número de identificación del productor. También aparece el código de la provincia, con dos cifras, y el código del municipio donde está ubicado el establecimiento, que son los tres dígitos siguientes. Los demás identifican la explotación dentro del municipio.

El envasado

Sólo se consideran aptos para el consumo humano los huevos frescos de categoría A que tengan la cáscara limpia e intacta, la clara transparente, sin manchas, de consistencia gelatinosa y exenta de materiales extraños y olores extraños, tal y como establece la normativa comunitaria. Los huevos no deben lavarse después de su clasificación ni someterse a ningún tratamiento de conservación. Tienen que mantenerse refrigerados a una temperatura no superior a los 5ºC.

Los productos que no cumplan los requisitos necesarios para la categoría A, se utilizan en la industria de los ovoproductos que, una vez procesados, se destinan a la industria alimentaria. Se catalogan como categoría B o de segunda calidad. Una vez seleccionados y clasificados, se envasan en embalajes resistentes a posibles golpes, secos, limpios y en buen estado. Estos se fabrican en un material con capacidad de protección frente a olores extraños y posibles alteraciones de su calidad.

LA ETIQUETA MARCA

En un lugar visible, los envases de huevos frescos, así como los vendidos a granel, se acompañan de una etiqueta con la siguiente información:

  • Nombre o razón social y dirección de la empresa que haya embalado o mandado embalar los huevos.
  • Número de centro de embalaje autorizado.
  • Categoría y peso del huevo.
  • Número de huevos embalados.
  • Fecha de consumo preferente.
  • Una indicación de que deben mantenerse refrigerados después de su compra.
  • País de origen, en los huevos importados de países terceros.
  • Indicación de la forma de cría de las gallinas.
  • De forma voluntaria, puede añadirse la fecha de puesta, la alimentación de la gallina o su origen.

Autor: Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ

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