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Beneficios de la fibra

Junio 13th, 2010

La fibra, aporta beneficios?

El consumo de fibra ayuda a nuestra salud.

Rotundamente sí. La fibra es un elemento que contribuye al bienestar y funcionamiento de nuestro organismo.

¿Qué es la fibra?

La fibra es un tipo de carbohidrato que no tiene calorías por sí mismo. Su función es ayudar a formar las heces fecales, dándoles forma y consistencia, también secuestra colesterol de la dieta y evita que sea absorbido en el intestino.

Evidentemente hay muchas clases de fibras, pero aquí sólo nos ocuparemos de la fibra nutritiva, la que usamos en nuestra alimentación.

La fibra nutritiva se encuentra únicamente en alimentos de origen vegetal, y tiene la característica de no ser atacada por las enzimas del estómago ni del intestino delgado, y permite su llegada al intestino grueso (colon) sin degradarse. En el intestino grueso es fermentada por las bacterias intestinales, favoreciendo el mantenimiento y el desarrollo de la flora intestinal. Aporta también otros beneficios: incrementa la sensación de saciedad; contribuye a hacer más soluble la bilis; ayuda a regular los niveles de glucosa y colesterol en la sangre; y combate el estreñimiento.

Tipos de fibras vegetales

Existen dos grupos de fibras vegetales:
- Las solubles
- las insolubles

Ambos tipos de fibra ayudan a mantener la regularidad intestinal.  Provocan la sensación de saciedad por su gran captación de líquidos. Las principales funciones del tracto gastrointestinal son la ingestión, la digestión, la absorción y la excreción.

Las fibras solubles al mezclarse con un líquido forman una solución parecida al gel. Enlentecen la absorción de glucosa y de colesterol, que beneficia especialmente a las personas diabéticas, y aquellas con altos niveles de grasa en la sangre. Las fuentes de fibra soluble son:
- salvado de avena (la parte externa de los granos, antes de refinar)
- frutos secos
- cebada (semillas)
- semillas (fuente de alimento almacenado y está envuelto en una cubierta protectora)
- legumbres
- piel de manzana
- frutas
- hortalizas

Las fibras insolubles no se mezclan con líquidos y pasan por el tracto digestivo (canal alimentario) en gran parte intactas. Las fuentes de fibra insoluble son:
- granos enteros (cereales sin procesar, sin refinar, naturales)
- salvado de trigo (la parte externa de los granos, antes de refinar)
- cereales integrales

Equilibrio en la ingesta de fibra

La fibra, al no ser asimilada por el organismo, permanece en el intestino, estimulando los movimientos peristálticos (movimientos de contracción y relajación ondulatorios), aumentando el volumen de las heces, con lo que se favorece la evacuación diaria.

El déficit de fibra causa estreñimiento, aumenta la posibilidad de hemorroides y divertículos intestinales (pequeñas bolsas ó sáculos), intestino irritable.

El exceso de fibra reduce la absorción de calcio, zinc y hierro a gtravés del intestino. Consumido en exceso puede generar gases, flatulencias, distensión abdominal y cólicos. Estas manifestaciones desaparecen cuando el cuerpo se estabiliza en el consumo de fibra.

El consumo diario recomendado de fibra es de 30 a 40 gr. En la necesidad de aumentar este consumo se recomienda su aumento lento y progresivo.

La fibra no puede ser digerida ni metabolizada, pero no obstante aporta otros beneficios:
- en la boca, estimula la salivación, y una mejor masticación.
- en el estómago, capta gran cantidad de agua que retrasa el vaciado gástrico y contribuye a la sensación de saciedad.
- en el intestino, favorece los movimientos intestinales, aumenta el volumen de las heces y estimula su excresión.

La fibra en el sistema intestinal

Se ha indicado que la fibra hasta llegar a los intestinos no sufre asimilación ni metabolismo. Al llegar a éstos mejora el tránsito intestinal y la absorción de nutrientes. Algunos de los efectos de las fibras solubles e insolubles:

Efecto

Retarda el vaciado del estómago
Aumenta el volumen de las heces
Aumenta la frecuencia de las evacuaciones
Regula el tránsito en el colon
Reduce la absorción de glucosa
Disminuye la concentración de glucosa
Disminuye la concentración de colesterol

Soluble

SI
SI
SI
SI
SI
SI
SI

Insoluble

NO
SI
SI
SI
NO
NO
NO

Las fibras solubles al llegar al colon son fermentadas por bacterias y se transforman en polisacáridos, formándose gases.

Las fibras insolubles mejoran el tránsito intestinal y aumentan su tiempo de paso, y también aumentan el volumen de las heces.

Cantidades de fibra de algunos alimentos

A continuación se indican alimentos con la cantidad de fibra en gramos, calculados en porciones de 100 gr.

- salvado de trigo
- almendras
- coco
- pan integral
- rábanos, cacahuetes
- habas, judías
- espinacas y avellanas
- arroz integral
- guisantes
- lentejas
- pera, plátano
- zanahoria
- col de Bruselas
- pan blanco
- ciruela, manzana, naranja
- coliflor, repollo, apio
44,0
14,3
13,6
8,5
8,1
7,4
6,3
5,5
5,1
3,7
3,3
3,0
2,9
2,7
2,0
1,7

En conjunto y como medida media de fibra se debería ingerir diariamente:
- 2 frutas
- 150 gr. de vegetales
- 50-60 gr de pan integral o 2 cucharadas de salvado de trigo
- 50 gr de legumbres

Con el consumo de fibra debe aumentarse la ingesta de agua, al consumir la fibra importantes cantidades de líquido del organismo. El consumo medio diario recomendado es entre 1,5 a 2 l. de agua.

Acción

Ponga acción. No se queda en la consideración de este escrito. La fibra es necesaria en nuestra alimentación. Cuide su salud, cuide su cuerpo, cuide su alimentación.

Tiene unas consideraciones que ahora debe aplicar.

Jaume Borredà

junio de 2010
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Las Frutas en la dieta de los niños

Abril 25th, 2010

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski,  de la que se ha realizado la siguiente copia.

Acercar las frutas a la dieta infantil

Se debe proporcionar a los niños piezas de calidad para evitar que abandonen el hábito de consumir frutas.

Las frutas en la dieta infantil suponen un extraordinario aporte de vitaminas, antioxidantes y agua, con apenas 60-80 calorías por pieza. Elegirlas significa también descartar otras opciones y, si se calcula que una unidad de bollería contiene 250 calorías, compuestas sobre todo de azúcares y grasas, la selección es sana. Conocidas sus ventajas, el éxito es lograr que se escojan desde la voluntad y con satisfacción. Se puede conseguir. Hay diferentes fórmulas para conquistar el paladar de los pequeños.

Fruta de calidad y de temporada

- Imagen: Tiffany Washko -

La fruta es el segundo alimento, a continuación de la leche, que saborea el paladar infantil. En general, logra un alto grado de aceptación. Sin embargo, cuando la dieta comienza a diversificarse con otros alimentos, la celebración con que se recibía la papilla empieza a desaparecer. ¿Cómo lograr mantener el gusto? No hay trucos, pero sí algunas pautas.

Conforme el pediatra indica la introducción de nuevos alimentos, la ingesta de fruta será menor. Los 200 gramos de papilla que era capaz de comer el niño en la merienda, ya no sólo se suman a la leche, sino que se añaden a alimentos más saciantes y complejos. Por eso, no hay que insistir en que el niño coma la misma cantidad, pero no debe abandonar el hábito de merendar siempre fruta, aunque sea un trozo o una pieza pequeña, o bien antes de un bocadillo. Ésta es la primera pauta.

Un aliado importante para establecer el hábito con gusto es ofrecer siempre piezas de calidad, con buena presencia, buen color, buen sabor y en su momento justo de maduración. Lo más eficaz es escoger fruta de temporada. Será más probable que coma una sandía fresca, un melocotón perfumado, una mandarina tersa, un plátano uniforme o unas cerezas sin golpes. No es una cuestión baladí. Un mal recuerdo relacionado con la ingesta de una fruta provoca un fuerte rechazo que, además, se amplía a otras frutas de la misma familia. Si hay una mala experiencia con un melocotón, el recuerdo abarca a los albaricoques y las nectarinas.

Sabor, textura y aroma

Un estudio de la Universidad de Vigo sobre la percepción de sabores en la edad, dirigido por González Carnero, apunta que el paladar infantil alcanza pronto la madurez. Aunque el niño no sepa distinguir el nombre de los sabores, es capaz de discriminarlos. Entre ellos, el dulce es el más inmediato, el más básico. Por ello, cuando otro sabor dulce supera al de la fruta, se tiende a identificar ambas percepciones y justificar una elección. Es habitual que se abandone la fruta. Para evitarlo, conviene dotar a la pieza de personalidad propia. Si hay que elegir, ambas opciones serán frutas.

El paladar infantil es capaz de discriminar los sabores, aunque el niño no sepa distinguir sus nombres

Otra pauta importante es acertar con el modo de presentación. A algunos niños les gustan las frutas solas, mientras que otros las prefieren en macedonia, en trozos, peladas o sin pelar. La manera en que se tome la fruta no es determinante, pero no se debe considerar un zumo como una fruta y, mucho menos, si no es natural. La forma de presentación puede ser el factor que marque la diferencia entre la apetencia o inapetencia del niño por la fruta. Éste es el caso de una colorida macedonia, un suculento crepe con hilos de chocolate, la compota, las frutas gelatinizadas o en granizados y los polos de sabores.

Las frutas también pueden ser los ingredientes más llamativos de diversidad de recetas que conforman el menú, como ensaladas, guarnición de segundos platos e, incluso, de recetas más complejas y energéticas para deleitarse en días especiales, como tartas, tartaletas, flanes y un largo listado que forma parte del recetario de postres de CONSUMER EROSKI.

El color es tan apetecible como la textura, si está en su punto, ¿pero qué sucede con el aroma? Es el rasgo al que menos importancia se da, a pesar de formar parte del conjunto. La fruta apenas desprende aroma: lo ha perdido en el proceso de recogida y distribución y, el olor que conservaba, lo pierde en el almacenaje. Pero de un aroma neutro la pieza puede pasar a un aroma contagiado y estropearse. Por eso, hay que guardar la fruta en la bandeja inferior del frigorífico o en un recipiente en el exterior, en un lugar fresco y protegido de la luz solar directa.

HASTA DIEZ VECES

En su libro “Niños, a comer. Evita la obesidad del niño y adolescente”, la doctora especialista en alimentación infantil Marta Garaulet indica que pueden ser necesarios hasta diez intentos para que el paladar acepte un nuevo sabor o una nueva textura. Por ello, invita a los progenitores a aplicar la “regla del 10″, ya que los niños no aceptan de forma natural los nuevos sabores y alimentos, sino que necesitan tomarlos en repetidas ocasiones antes de admitirlos en su alimentación.

Pueden ser necesarios hasta diez intentos para que los pequeños acepten un nuevo sabor o una nueva textura

Hay que perseverar porque el esfuerzo merece la pena. El gusto se forma y hay etapas en las que es más fácil lograr el éxito. Organizar la comida familiar para que sea sana es difícil, asegura Garaulet, pero la fase de aprendizaje, entre los dos y los cinco años de edad, es el momento idónea para la adquisición de hábitos y la fruta, la verdura y el pescado “deben estar presentes para que los pequeños comprueben que es bueno comer de todo”.

Admite que todas las personas saben qué deben hacer, pero “lo difícil es adivinar cómo conseguirlo”. En ocasiones, se requiere que el niño pruebe el nuevo alimento de 5 a 10 veces para que acepte el nuevo sabor, pero no hay que desistir en el intento. Si el pequeño se acostumbra a comer nuevos sabores desde edades tempranas, sobre todo frutas y verduras, comerá de manera adecuada en el futuro y mantendrá un peso corporal equilibrado.

Autor: Por MAITE ZUDAIRE

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Alimentación en niños

Marzo 28th, 2010

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski,  de la que se ha realizado la siguiente copia.

Frutas, verduras y pescado también son cosa de niños

Padres y madres en casa y educadores y profesionales de restauración colectiva en el comedor escolar deben asumir la responsabilidad de que los niños adquieran hábitos alimentarios saludables

“Siempre he agradecido a mi madre que me enseñara a comer de todo y me insistiera en la importancia que tiene una buena alimentación”. La declaración de hijo orgulloso representa una cara de la moneda, la positiva. La otra la tenemos en una escena que se produce cada día en el comedor de empresa o en la cena con amigos: alguien deja distraídamente en el plato la mitad de la comida, explicando -lacónicamente y sólo si le preguntan- “nunca me gustaron las verduras”, o “yo, es que soy más de carne: el pescado ni fu ni fa”. Son las dos caras de la moneda de una realidad, los hábitos alimentarios, que los especialistas relacionan cada vez más con la salud de la gente, en particular con la obesidad y las enfermedades cardiovasculares. Y, también, de un estado de la situación cuyo origen hay que buscar en lo que se aprende desde la infancia.

Niños que comen mal


En la mesa familiar, si ponemos el foco en los niños, en su comportamiento ante la comida que se les sirve, vemos que desaparecen la carne y las patatas fritas del plato pero dejan casi toda la verdura; que se relamen de gusto con la pasta con tomate y queso pero miran de reojo las lentejas y jamás terminan el pescado si no carece absolutamente de espinas y no sabe muy fuerte; adoran los fritos, los dulces, los lácteos y la bollería, pero no hay quien les haga comer a menudo ensaladas o fruta.

Podría decirse que cada niño es un mundo, y sería cosa cierta, pero tanto nutricionistas como educadores, profesionales del sector de la restauración colectiva y padres saben que esta situación se repite cada día en muchas familias y comedores escolares: los niños comen mal, y seguro que hay disculpas y razones que lo explican pero el hecho tiene unas repercusiones muy perjudiciales en su salud.

Casi uno de cada seis menores españoles de entre 6 y 12 años padece obesidad, y a una cuarta parte de quienes no han cumplido 24 años la balanza les advierte de que pesan más de lo adecuado. ¿La razón? El excesivo consumo de alimentos ricos en grasas y de dulces, y la tradicional reticencia de los niños a ingerir fruta, pescado y hortalizas. Las nuevas costumbres de niños y jóvenes, más sedentarias que las de generaciones anteriores, y la escasa actividad física completan este explosivo cóctel que hipoteca la salud de muchos niños y jóvenes.

Qué hacer

Para los niños el día tiene pocos momentos gratificantes (hay que levantarse de buena mañana, asearse, estudiar y atender en clase, moverse de aquí para allá…) y el de la comida es uno de ellos. Como a los adultos, les gusta disfrutar cuando se alimentan. De hecho, no piensan en nutrirse, sino en comer lo que más les gusta. ¿Qué hacer para que aprendan a comer bien, y para que disfruten comiendo lo que, de entrada, no les gusta o incluso detestan?

La recompensa es un método poco aconsejable. Ofrecerles como premio algo que les atrae mucho, como el postre o “chuches”, si se comen lo que no les agrada no es buen método. Especialistas en nutrición infantil de las universidades de Surrey y Gales, ambas en Reino Unido, acaban de publicar una investigación en la que concluyen que “este sistema de recompensa en forma de alimentos puede incrementar aún más las preferencias de los niños por el postre o los dulces, pues el emparejamiento de dos comidas se traduce en que la comida de recompensa se considere más positiva que la de acceso”.

Otros especialistas aseguran que en ciertas circunstancias los premios pueden aumentar la disponibilidad para modelar la conducta alimentaria, pero sugieren ofrecer recompensas no alimentarias, como el reconocimiento (“estoy muy orgulloso de ti”, “estás aprendiendo mucho”) o pequeños objetos, como pegatinas o un lápiz de colores cuando consiguen éxitos, en otras palabras, cuando comen lo que preferirían no comer.

El equipo de nutricionistas de CONSUMER EROSKI considera que insistir tanto en casa como en el centro escolar sobre la importancia de adquirir hábitos alimentarios saludables, y compaginar esta formación con el ofrecimiento cotidiano de menús equilibrados y bien planteados que acaben agradando a los pequeños es la mejor manera de que aprendan a comer de todo.

El ejemplo, en casa

El niño come lo que ve que sus padres comen. La razón de que el menor coma mal se debe, en gran medida, a una conducta alimentaria mal aprendida en casa y a una relación poco reflexiva con la comida, a no concederle la importancia que tiene. Por ello, resulta determinante que padres, abuelos y educadores analicen hasta qué punto, con su comportamiento alimentario cotidiano, con su disciplina y el tiempo y modo que invierten en enseñar a comer a los más pequeños, son responsables de su inadecuada conducta alimentaria. Enseñar a comer forma parte de la educación. Y como aprendizaje esencial que es, requiere un esfuerzo constante, diario.

Los pequeños son, con frecuencia, maniáticos con las comidas y manifiestan preferencias y aversiones ante ciertos alimentos. Sin embargo, y aunque las preferencias deben ser tenidas en cuenta a la hora de planificar los menús, el niño no puede dictar a sus padres los platos que han de preparar. Lo de preguntarles “qué comemos mañana” es un gran, y habitual, error. No les preguntamos si quieren ir mañana a clase. Si por ellos fuera, con su media docena de platos favoritos sería más que suficiente. Sin embargo, si la gama de alimentos que incorporan los menús familiares es amplia tendrán más posibilidades de variar y resultará más probable que acepten un mayor número de alimentos. Por el contrario, si sólo ven 2 ó 3 tipos de verduras, ensaladas y frutas o el pescado cocinado siempre de la misma forma, difícilmente asimilarán lo bueno que es comer de todo.

Los niños emulan lo que ven mucho más de lo que atienden a lo que se les explica; por tanto, aparquemos de vez en cuando la (necesaria) retórica y prediquemos (siempre) con el ejemplo: eduquemos a los niños en sabores diferentes que les permitan disfrutar de una alimentación rica, variada y saludable. Es tarea de padres y madres, en el hogar, y de educadores y profesionales de restauración colectiva, en el comedor escolar, inocularles hábitos alimentarios saludables. Eso sí, sin renunciar a que las comidas constituyan un momento placentero. Y si, de paso, los mayores aprendemos a comer un poco mejor, la jugada saldrá perfecta.

Alimentos conflictivos

Verduras

La mayoría de los niños no comen las dos raciones de vegetales diarias necesarias y se les hace aún más cuesta arriba comer ensalada a diario.

  • Verduras todo el año. Recurra a verduras congeladas o en conserva cuando sea difícil conseguirlas de temporada. Deben consumirse a diario.
  • Nutritivos espesantes. Use puré de verduras para espesar sopas y añadir sabor.
  • De postre. Prepare postres dulces con hortalizas (tarta de zanahoria, bocaditos dulces de calabaza) y con frutas (bizcocho relleno de frutas, pastel de manzana, yogur con culis de kiwi, fresas).
  • Recetas originales. Presente los platos de forma curiosa y original para llamar la atención de los niños. Los sándwiches vegetales cortados en círculo; las cremas en tazones o platos vistosos; los flanes o pudines de verduras, en brocheta combinado con trozos de carne o pescado; pizzas caseras con vegetales; lasañas y canelones de verduras; tortillas con verduras (setas, champiñones, calabacín, pimientos, ajetes, espinacas).

Pescado


Una vez que los niños han cumplido un año, pueden comenzar a comer el pescado desmenuzado o en trocitos, ajustando la cantidad a sus necesidades.

  • Sin espinas. Escoja pescados que vienen limpios, como los congelados (merluza, halibut, lenguado, emperador, colas de rape), o pida en la pescadería que se los preparen en filetes sin espinas. De todos modos, intente que coman pescados con espinas, que se acostumbren, y que vean el acto de separar las espinas casi como un juego; si rechazan de entrada los pescados con espinas, se negarán la posibilidad de disfrutar de especies sabrosas, económicas y saludables.
  • Recetas originales. Algunos niños se aburren de comer pescado porque siempre se les ofrece el mismo o preparado de idéntica manera. Haga un listado de recetas originales y apetitosas: empanadillas, croquetas, buñuelos, albóndigas, pizzas, flanes de pescado, lasaña o canelones, en tortilla, con salsas diversas, con patatas, con verduras, frito, a la plancha, al horno, a la parrilla, relleno…, e incluso, en bocadillo (de atún, sardinas, anchoas, salmón ahumado…). En nuestras páginas encontrará cientos de recetas originales y saludables a base de pescado.
  • Disimular el sabor. El sabor pronunciado de ciertos pescados genera rechazo en algunos pequeños. Si se maceran con limón, aceite y hierbas aromáticas o se acompañan de salsa, se disimula el sabor y puede resultarles más apetecible.
  • ¿Fresco, congelado o en conserva? El pescado congelado mantiene todas las propiedades nutritivas del fresco y es muy práctico, al tenerlo siempre disponible en el frigorífico. Y las conservas de atún, bonito o sardinas y las semiconservas de anchoa son una perfecta opción para iniciar a los niños en el gusto por los pescados.

Legumbres

El papel esencial que juegan las legumbres en el crecimiento y desarrollo de los niños obliga a incorporar en los menús infantiles platos tradicionales como los cocidos de lentejas, garbanzos o alubias. Han de aprender a comerlos a menudo, no todo puede ser pasta y arroces. También podemos ofrecer recetas modernas y atractivas con legumbres, que sorprenderán a los más pequeños.

  • Plato combinado. Legumbres, cereales y frutos secos concentran en sí mismos todos los elementos nutritivos para convertir el menú infantil en equilibrado. Esta combinación es común en platos casi olvidados, como lentejas con arroz, garbanzos con piñones o pan rallado, o el cocido de sopa y garbanzos. Precedido este plato de una ensalada, aligeramos los menús infantiles de proteína animal, de grasas saturadas y de colesterol.
  • Frías o calientes. En invierno, el aroma de un plato humeante de lentejas invita a probarlo. En verano, descubrir el sabor de garbanzos, lentejas o las judías frías en ensalada sorprenderá a pequeños y mayores, acostumbrados a comerlos calientes.
  • De mil formas. Las legumbres tostadas -garbanzos y habas- se venden como aperitivo. También se pueden tomar en forma de paté como el hummus (crema de garbanzo con semillas de sésamo, deliciosa para untar el pan); revueltas con huevo como unos guisantes o unas habas tiernas salteadas con jamón; en forma de falafels o croquetas de legumbres o en puré.

FOBIAS ALIMENTARIAS

“No me gusta la fruta”. “Pero, ¿has probado esta?” “No, pero seguro que no me va a gustar”. El rechazo absoluto de los niños hacia un tipo de alimentos o a un producto nunca antes consumido puede ser una reacción, un querer hacerse notar, ante una nueva situación que están viviendo (inicio del curso escolar, hermano recién llegado al hogar, cambio de casa…) y durará el tiempo que tarden en adaptarse al cambio. El problema adquiere mayor trascendencia cuando el rechazo responde a una fobia hacia ese alimento.

Quienes han desarrollado una de estas fobias, por alguna razón, asocian ese alimento con la sensación de peligro, de malestar o con una experiencia desagradable. Pesadillas que se tuvieron el día que se probó el alimento; un mal recuerdo del día que se comió por primera vez; una sensación de acoso por parte de la madre o el padre ansioso por dar a probar el alimento, o una atención excesiva ante el acto de comer o el contenido de la comida… son causas que pueden hacer que, de niño, se desarrolle un trauma y se rechace uno o más alimentos para siempre.

El cuadro de fobia alimentaria, si limita en gran medida la alimentación del niño, merece ser tratado por psicólogos que, hay que saberlo, aseguran que insistir al pequeño en que supere esos miedos puede conseguir el efecto contrario y potenciar el rechazo e incluso convertirlo en perpetuo. Si se opta por la amenaza, el niño puede adjudicar a ese alimento una “culpa” extra, haber creado esa situación tensa y desagradable, que se sumará a las reticencias previas.

Los expertos apuntan que la fobia a probar alimentos nuevos (neofobia) surge porque se ha acostumbrado a los niños a una alimentación repetitiva y poco variada, tanto en diversidad de alimentos como en sabores, colores, preparación de los platos y su presentación: asociar siempre los macarrones al tomate, el pescado al rebozado, etc. Así, los cambios los ven como innecesarios y riesgosos, prefieren lo conocido, lo que saben que les gusta. Por otra parte, los comentarios negativos de padres y hermanos sobre el plato preparado o, peor aún, sobre la actitud del niño problemático (“ni te molestes en servirle, no lo va a probar…”) acentúan el rechazo.

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Sobre la Obesidad

Enero 18th, 2010

Este escrito ha sido publicado por la Revista En Buenas Manos,  de la que se ha realizado la siguiente copia.

¿Es la Obesidad hereditaria?

Hay muchos estudios sobre la obesidad hereditaria que la justifican con un gen pero también es cierto que heredamos unos hábitos de salud familiares. Si los padres no cuidan su dieta y no practican ejercicio físico seguramente los hijos tampoco lo harán..


Investigaciones sobre la obesidad hereditaria

Desde hace mucho tiempo se estudia si la obesidad puede tener una causa genética.

Se han realizado estudios que demuestran que hay una tendencia familiar hacia la obesidad, casi siempre los hijos de padres obesos tienden a ser obesos y llegan a ser adultos obesos. La comunidad científica acepta que la genética sea responsable de la obesidad pues esta demostrado que los genes intervienes en la regulación del peso, en el número y tamaño de los adipositos y en la distribución del tejido graso en el cuerpo.

No obstante estos estudios solo han detectado algunos de los genes que pueden estar implicados en la obesidad, quedando mucha investigación por realizar.
Averiguar si la genética es realmente culpable de la obesidad supondría un avance en el tratamiento de esta enfermedad.

Conclusiones sobre la obesidad hereditaria

No obstante la mayoría de especialistas no están de acuerdo en que la obesidad sea hereditaria y consideran la influencia de otros factores en el desarrollo de la enfermedad.

Si nos queda claro que la obesidad puede no ser hereditaria debemos buscar que factores influyen para que una persona se convierta en obesa e intentar solucionar el problema.

Aunque la herencia genética no sea la culpable de la obesidad que duda cabe que todos heredamos una serie de hábitos y comportamientos de nuestro entorno familiar que influirán en nosotros de forma decisiva, ya que los niños tienden a imitar la conducta de sus padres.

Otro punto que parece influir en la obesidad es el tamaño de la familia pues, parece comprobado, que cuanto mayor es el número de hijos menor es el riesgo de que estos lleguen a ser obesos.

¿Qué podemos hacer?

Para evitar la obesidad o compensar la obesidad hereditaria (si es nuestra tendencia familiar) debemos acostumbrar a los niños, desde bien pequeñitos, a comer sanamente, una dieta equilibra en la que estén presentes todos los nutrientes necesarios en su justa medidas conseguirá que los niños crezcan bien.

Como complemento a una dieta equilibrada está el ejercicio físico. Nuestra sociedad es cada vez más sedentaria y esta claro que mirar los deportes desde el sofá no ayuda a quemar calorías. Debemos acostumbrarnos a hacer ejercicio todos los días, ayudará a que nuestro peso y nuestra salud sean buenos.

Aunque los padres sean obesos no deberían preocuparse por si sus hijos padecerán obesidad hereditaria si inculcan, con su ejemplo, unos hábitos de vida saludables.
Seguro que pueden romper o cambiar esa tendencia.

Autor: Elia Arcas
Articulista de Enbuenasmanos

Sobre la Dieta Mediterránea

Enero 10th, 2010

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski,  de la que se ha realizado la siguiente copia.

Dieta mediterránea: Problemas y soluciones para disfrutar de la dieta mediterránea

Reconocida como una de las dietas más saludables del mundo, el cambio en los hábitos de consumo empieza a dificultar su seguimiento


La dieta mediterránea no es la panacea, pero se acerca. Un estudio elaborado en Reino Unido sostiene que reduce a la mitad el riesgo de sufrir enfermedades pulmonares, otro desarrollado en España destaca sus propiedades en la actividad antimicrobiana y el más reciente, firmado por investigadores griegos, desvela que podría proteger contra el asma y la alergia. Ésta es sólo una muestra de los cientos de informes elaborados por los más diversos investigadores, en todos los países del mundo, sobre la dieta mediterránea y sus beneficios en la salud humana. De hecho, es la candidata oficial al nombramiento por la UNESCO de dieta Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Nadie pone en tela de juicio las bondades nutricionales y saludables de comer tres piezas de fruta y dos raciones hortalizas diarias, el uso de aceite de oliva como principal grasa de adición, la ingesta de pescado en abundancia y de frutos secos. Sin embargo, la inclusión de estos alimentos en la cesta de la compra en la cantidad suficiente como para consumirlos con la frecuencia recomendada se ha convertido, por la influencia del cambio en los patrones alimentarios y en el estilo de vida, en un reto, más que en una opción.

Tiempo y dinero. Éstas son las razones por las que el consumidor compra cada vez más alimentos precocinados o elaborados, fáciles de preparar y rápidos de consumir, aunque muchos de ellos sean de peor calidad nutritiva (más grasas trans y más azucares, entre otros componentes perjudiciales). A esto se suma la tendencia al alza de los precios de productos básicos (frutas, hortalizas, verduras y pescados), así como la pérdida de poder adquisitivo de las familias y el hecho de que muchos de los alimentos precocinados son más económicos que sus equivalentes frescos. La combinación de ambos factores limita la elección alimentaria en muchos hogares y explica, en parte, las verdaderas dificultades que muchas familias españolas encuentran para seguir la dieta mediterránea.

¿Dieta en desuso?

Los beneficios para la salud de esta dieta fueron descritos en un primer momento en la década de los 50 por Ancel Keys, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Minnessota (EE.UU.), en el llamado ‘Estudio de los siete países’. En él investigó las relaciones entre las enfermedades coronarias y la dieta de países como EE.UU., Japón, Finlandia, Holanda, Yugoslavia, Italia y Grecia. Los hábitos alimentarios en el área mediterránea llamaron mucho la atención tras constatar que la incidencia de enfermedades coronarias era significativamente menor que en el norte de Europa. A partir de las evidencias surgidas de este estudio epidemiológico, han proliferado las investigaciones que asocian dieta mediterránea y salud.

El Instituto Europeo de la Dieta Mediterránea, por su parte, describe este modelo alimentario como abundante en pan, pasta, verduras, ensaladas, legumbres, frutas y frutos secos; aceite de oliva como principal fuente de grasa; mayor consumo de pescado y aves que de carnes rojas; y moderadas cantidades de vino, consumido en las comidas. Además, se asocia a un estilo de vida que conforma el patrimonio cultural de los países mediterráneos como la práctica regular de actividad física, la socialización de las comidas o la costumbre de la siesta.

Pero en las últimas décadas, en paralelo a la modernización de la sociedad y a la globalización alimentaria, el patrón de alimentación y el modelo de estilo de vida mediterráneo han cambiado. Según datos del Observatorio de la Dieta Mediterránea (2006), entre los años 1987 y 2005 se ha constatado un alejamiento sustancial respecto a la dieta mediterránea, tanto en el ámbito familiar como en el sector de hostelería y restauración. El aumento del consumo de alimentos con una elevada densidad energética (grasas y azúcares) y del sedentarismo inciden la salud de la población, con el aumento de enfermedades crónicas, encabezadas por la obesidad, trastornos coronarios, hipertensión y ciertos tipos de cáncer.

Soluciones prácticas

Ante esta nueva situación, condicionada por la falta de tiempo para cocinar determinados alimentos que requieren una cocción o elaboración prolongada (legumbres), y de dinero para comprarlos, se propone una solución que pasa por comprar alimentos de temporada, congelar de manera responsable la mayor cantidad de comida posible, y aprovechar las sobras.

Los alimentos de temporada, además de condensar más nutrientes y tener más sabor, son también más baratos, una información a tener muy en cuenta para lograr un equilibrio dietético sin dañar en exceso el bolsillo. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los congeladores disponen ahora de más espacio y se regulan a temperaturas que garantizan el valor nutritivo y la calidad higiénica y sanitaria de los alimentos congelados durante meses. Esta opción permite que la comida no se tire, sino que se reutilice. Las sobras de comida se aprovechan, por muy pequeñas que sean, para hacer recetas originales, novedosas, sencillas, rápidas y muy nutritivas (croquetas, empanadillas, canelones, purés de verduras…).

Dos o tres frutas diarias

Es importante saber que un vaso de zumo equivale a una ración de fruta y que es más saludable tomar zumo que no tomar nada de fruta. Estos zumos, diluidos en agua y congelados en recipientes adecuados, sirven también para degustar un nutritivo helado de fruta. Por otra parte, la macedonia de fruta fresca, mezclada con fruta en almíbar, da bastante juego y ayuda en gran medida a resolver la dificultad de comer fruta a diario. La parte aprovechable de la fruta muy madura sirve para hacer compotas, purés de frutas como guarnición de carnes o pescados, o batidos mezclados con yogur o leche.

Verduras a diario

El mejor consejo a seguir en este apartado es la degustación de las hortalizas de cada estación; en invierno y primavera más lechugas, escarolas, endibias y cogollos; y en verano, más ensaladas de tomate, pepino y pimientos con cebolletas frescas… Siempre están disponibles y a un precio asequible las verduras congeladas y las conservas sencillas, es decir, las que están cocidas y envasadas sólo con agua y sal.

El pescado

El pescado fresco de oferta, bien limpio de espinas y tripas, admite la congelación con la garantía de aprovecharlo en los momentos en los que este alimento básico suba de precio. Las conservas de pescado (atún, sardinas, caballa…) o de marisco (mejillones…) son una alternativa valiosa para incluir este nutriente en la dieta diaria, ya sea en ensaladas, mezclado con el arroz y la pasta, en rellenos como los pimientos, e incluso, en tortilla.

Japón, la ‘otra’ dieta mediterránea


A la dieta japonesa se la ha denominado en ocasiones la ‘otra’ dieta mediterránea. Se considera un factor clave en la longevidad de la población nipona y en los menores índices de enfermedades coronarias. Además, este país registra la menor tasa de obesidad en el mundo desarrollado (el 3% frente al 15% de España o el 32% de Estados Unidos).

La dieta japonesa, cada vez más reconocida en occidente por su sencillez, salubridad y atractivo visual, comparte la base de la dieta mediterránea tradicional. La abundancia de pescado, arroz (hasta en el desayuno, en lugar de galletería y bollería, propia de nuestro entorno) y vegetales, con apenas presencia de carnes rojas y productos procesados, la hace tan saludable como la mediterránea.

A las anteriores virtudes dietéticas se suman otras que empiezan a ocupar un lugar cada vez más destacado en los menús occidentales: el consumo diario de soja y/o derivados (tofu, miso, salsa de soja), además de algas. Son habituales también las especias y condimentos, entre los que destaca el digestivo jengibre, para uso en la elaboración de comidas tanto dulces como saladas.

Las preparaciones son sencillas. La cocción al vapor, en cesta de bambú o a la plancha, es la técnica culinaria más utilizada. A esto se suma la costumbre de servirse porciones de alimentos más pequeñas, lo que ayuda a servirse menos cantidad. Está demostrado que cuando uno se sirve más cantidad, tiende a comer más, aunque no tenga hambre. No obstante, como en nuestro país, se está produciendo un cambio progresivo de hábitos que empieza a traducirse en un aumento de las enfermedades relacionadas con la mala dieta.

TABLA COMPARATIVA

Las 10 reglas de oro para seguir la dieta mediterránea
La mejor opción mediterránea Cómo seguir la norma
Utilizar el aceite de oliva como principal grasa de adición. Reservarlo para el aliño. El aceite de girasol ‘alto oleico’ es buen sustituto al aceite oliva para freír.
Consumir alimentos vegetales en abundancia: frutas, verduras, legumbres y frutos secos. El zumo envasado es una buena alternativa. Comprar más verduras de temporada – mejor calidad al mejor precio- o de oferta permite congelarlas para disponer de ellas cuando suban de precio. La verdura ultracongelada es otra opción interesante desde un punto de vista nutricional.
El pan y los alimentos procedentes de cereales (pasta, arroz y sus productos integrales) deberían formar parte de la alimentación diaria. Se recomienda la introducción de alimentos integrales en el menú diario. Comience por el pan integral, los cereales y las galletas y, más adelante, el arroz y la pasta.
Los alimentos poco procesados, frescos y locales son los más adecuados. Los alimentos de temporada están en su mejor momento de nutrientes, sabor, aroma y precio.
Consumir diariamente productos lácteos, principalmente yogur y quesos. Tomar cada día leche fermentada es un hábito muy sano que se asocia a diversos beneficios para la salud.
Consumir carne roja con moderación. Comer las legumbres como segundo plato, en sustitución de la carne, y precedidas de una ensalada y las carnes rojas sólo como parte de guisos y estofados con verduras, no como ingrediente principal, reduce grasas, colesterol y calorías.
Consumir pescado en abundancia y huevos con moderación.
  • Aproveche la temporada de algunos pescados, más sabrosos y a mejor precio (verdel, anchoas, sardinas, atún, bonito…). Una opción es el pescado congelado, que garantiza todo su valor nutritivo. Las conservas de atún, sardinas o caballa son otra posibilidad de comer pescado azul.
  • Se aconseja el consumo de entre 3 y 4 huevos a la semana (más si la persona es corpulenta o físicamente activa), como alternativa proteica a carnes y pescados.
La fruta fresca como postre habitual. Alternar fruta fresca y zumo es una buena opción para iniciarse en el consumo de frutas.
El agua es la bebida por excelencia. El vino se ha de tomar con moderación y con las comidas. Caldos, sopas, infusiones y granizados son opciones que también hidratan. No se recomienda iniciarse en el consumo del vino si no se tiene costumbre. El mosto y, mejor la uva, contiene los antioxidantes del vino, con la ventaja de no tener alcohol y concentrar muchos más nutrientes.
Realizar actividad física todos los días. Para mantenerse activo es esencial buscar el ejercicio físico que más guste y mejor se adapte a nuestras necesidades y ritmo de vida.

Fuente: Adaptado de las recomendaciones de la Fundación Dieta Mediterránea

www.consumer.es

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski,  de la que se ha realizado la siguiente copia.

Dieta mediterránea: Problemas y soluciones para disfrutar de la dieta mediterránea

Reconocida como una de las dietas más saludables del mundo, el cambio en los hábitos de consumo empieza a dificultar su seguimiento

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La dieta mediterránea no es la panacea, pero se acerca. Un estudio elaborado en Reino Unido sostiene que reduce a la mitad el riesgo de sufrir enfermedades pulmonares, otro desarrollado en España destaca sus propiedades en la actividad antimicrobiana y el más reciente, firmado por investigadores griegos, desvela que podría proteger contra el asma y la alergia. Ésta es sólo una muestra de los cientos de informes elaborados por los más diversos investigadores, en todos los países del mundo, sobre la dieta mediterránea y sus beneficios en la salud humana. De hecho, es la candidata oficial al nombramiento por la UNESCO de dieta Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Nadie pone en tela de juicio las bondades nutricionales y saludables de comer tres piezas de fruta y dos raciones hortalizas diarias, el uso de aceite de oliva como principal grasa de adición, la ingesta de pescado en abundancia y de frutos secos. Sin embargo, la inclusión de estos alimentos en la cesta de la compra en la cantidad suficiente como para consumirlos con la frecuencia recomendada se ha convertido, por la influencia del cambio en los patrones alimentarios y en el estilo de vida, en un reto, más que en una opción.

Tiempo y dinero. Éstas son las razones por las que el consumidor compra cada vez más alimentos precocinados o elaborados, fáciles de preparar y rápidos de consumir, aunque muchos de ellos sean de peor calidad nutritiva (más grasas trans y más azucares, entre otros componentes perjudiciales). A esto se suma la tendencia al alza de los precios de productos básicos (frutas, hortalizas, verduras y pescados), así como la pérdida de poder adquisitivo de las familias y el hecho de que muchos de los alimentos precocinados son más económicos que sus equivalentes frescos. La combinación de ambos factores limita la elección alimentaria en muchos hogares y explica, en parte, las verdaderas dificultades que muchas familias españolas encuentran para seguir la dieta mediterránea.

¿Dieta en desuso?

Los beneficios para la salud de esta dieta fueron descritos en un primer momento en la década de los 50 por Ancel Keys, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Minnessota (EE.UU.), en el llamado ‘Estudio de los siete países’. En él investigó las relaciones entre las enfermedades coronarias y la dieta de países como EE.UU., Japón, Finlandia, Holanda, Yugoslavia, Italia y Grecia. Los hábitos alimentarios en el área mediterránea llamaron mucho la atención tras constatar que la incidencia de enfermedades coronarias era significativamente menor que en el norte de Europa. A partir de las evidencias surgidas de este estudio epidemiológico, han proliferado las investigaciones que asocian dieta mediterránea y salud.

El Instituto Europeo de la Dieta Mediterránea, por su parte, describe este modelo alimentario como abundante en pan, pasta, verduras, ensaladas, legumbres, frutas y frutos secos; aceite de oliva como principal fuente de grasa; mayor consumo de pescado y aves que de carnes rojas; y moderadas cantidades de vino, consumido en las comidas. Además, se asocia a un estilo de vida que conforma el patrimonio cultural de los países mediterráneos como la práctica regular de actividad física, la socialización de las comidas o la costumbre de la siesta.

Pero en las últimas décadas, en paralelo a la modernización de la sociedad y a la globalización alimentaria, el patrón de alimentación y el modelo de estilo de vida mediterráneo han cambiado. Según datos del Observatorio de la Dieta Mediterránea (2006), entre los años 1987 y 2005 se ha constatado un alejamiento sustancial respecto a la dieta mediterránea, tanto en el ámbito familiar como en el sector de hostelería y restauración. El aumento del consumo de alimentos con una elevada densidad energética (grasas y azúcares) y del sedentarismo inciden la salud de la población, con el aumento de enfermedades crónicas, encabezadas por la obesidad, trastornos coronarios, hipertensión y ciertos tipos de cáncer.

Soluciones prácticas

Ante esta nueva situación, condicionada por la falta de tiempo para cocinar determinados alimentos que requieren una cocción o elaboración prolongada (legumbres), y de dinero para comprarlos, se propone una solución que pasa por comprar alimentos de temporada, congelar de manera responsable la mayor cantidad de comida posible, y aprovechar las sobras.

Los alimentos de temporada, además de condensar más nutrientes y tener más sabor, son también más baratos, una información a tener muy en cuenta para lograr un equilibrio dietético sin dañar en exceso el bolsillo. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los congeladores disponen ahora de más espacio y se regulan a temperaturas que garantizan el valor nutritivo y la calidad higiénica y sanitaria de los alimentos congelados durante meses. Esta opción permite que la comida no se tire, sino que se reutilice. Las sobras de comida se aprovechan, por muy pequeñas que sean, para hacer recetas originales, novedosas, sencillas, rápidas y muy nutritivas (croquetas, empanadillas, canelones, purés de verduras…).

Dos o tres frutas diarias

Es importante saber que un vaso de zumo equivale a una ración de fruta y que es más saludable tomar zumo que no tomar nada de fruta. Estos zumos, diluidos en agua y congelados en recipientes adecuados, sirven también para degustar un nutritivo helado de fruta. Por otra parte, la macedonia de fruta fresca, mezclada con fruta en almíbar, da bastante juego y ayuda en gran medida a resolver la dificultad de comer fruta a diario. La parte aprovechable de la fruta muy madura sirve para hacer compotas, purés de frutas como guarnición de carnes o pescados, o batidos mezclados con yogur o leche.

Verduras a diario

El mejor consejo a seguir en este apartado es la degustación de las hortalizas de cada estación; en invierno y primavera más lechugas, escarolas, endibias y cogollos; y en verano, más ensaladas de tomate, pepino y pimientos con cebolletas frescas… Siempre están disponibles y a un precio asequible las verduras congeladas y las conservas sencillas, es decir, las que están cocidas y envasadas sólo con agua y sal.

El pescado

El pescado fresco de oferta, bien limpio de espinas y tripas, admite la congelación con la garantía de aprovecharlo en los momentos en los que este alimento básico suba de precio. Las conservas de pescado (atún, sardinas, caballa…) o de marisco (mejillones…) son una alternativa valiosa para incluir este nutriente en la dieta diaria, ya sea en ensaladas, mezclado con el arroz y la pasta, en rellenos como los pimientos, e incluso, en tortilla.

Japón, la ‘otra’ dieta mediterránea

http://static.consumer.es/revista/imgs/20080601/alimentacion.02.jpg

A la dieta japonesa se la ha denominado en ocasiones la ‘otra’ dieta mediterránea. Se considera un factor clave en la longevidad de la población nipona y en los menores índices de enfermedades coronarias. Además, este país registra la menor tasa de obesidad en el mundo desarrollado (el 3% frente al 15% de España o el 32% de Estados Unidos).

La dieta japonesa, cada vez más reconocida en occidente por su sencillez, salubridad y atractivo visual, comparte la base de la dieta mediterránea tradicional. La abundancia de pescado, arroz (hasta en el desayuno, en lugar de galletería y bollería, propia de nuestro entorno) y vegetales, con apenas presencia de carnes rojas y productos procesados, la hace tan saludable como la mediterránea.

A las anteriores virtudes dietéticas se suman otras que empiezan a ocupar un lugar cada vez más destacado en los menús occidentales: el consumo diario de soja y/o derivados (tofu, miso, salsa de soja), además de algas. Son habituales también las especias y condimentos, entre los que destaca el digestivo jengibre, para uso en la elaboración de comidas tanto dulces como saladas.

Las preparaciones son sencillas. La cocción al vapor, en cesta de bambú o a la plancha, es la técnica culinaria más utilizada. A esto se suma la costumbre de servirse porciones de alimentos más pequeñas, lo que ayuda a servirse menos cantidad. Está demostrado que cuando uno se sirve más cantidad, tiende a comer más, aunque no tenga hambre. No obstante, como en nuestro país, se está produciendo un cambio progresivo de hábitos que empieza a traducirse en un aumento de las enfermedades relacionadas con la mala dieta.

TABLA COMPARATIVA

Las 10 reglas de oro para seguir la dieta mediterránea

La mejor opción mediterránea

Cómo seguir la norma

Utilizar el aceite de oliva como principal grasa de adición.

Reservarlo para el aliño. El aceite de girasol ‘alto oleico’ es buen sustituto al aceite oliva para freír.

Consumir alimentos vegetales en abundancia: frutas, verduras, legumbres y frutos secos.

El zumo envasado es una buena alternativa. Comprar más verduras de temporada – mejor calidad al mejor precio- o de oferta permite congelarlas para disponer de ellas cuando suban de precio. La verdura ultracongelada es otra opción interesante desde un punto de vista nutricional.

El pan y los alimentos procedentes de cereales (pasta, arroz y sus productos integrales) deberían formar parte de la alimentación diaria.

Se recomienda la introducción de alimentos integrales en el menú diario. Comience por el pan integral, los cereales y las galletas y, más adelante, el arroz y la pasta.

Los alimentos poco procesados, frescos y locales son los más adecuados.

Los alimentos de temporada están en su mejor momento de nutrientes, sabor, aroma y precio.

Consumir diariamente productos lácteos, principalmente yogur y quesos.

Tomar cada día leche fermentada es un hábito muy sano que se asocia a diversos beneficios para la salud.

Consumir carne roja con moderación.

Comer las legumbres como segundo plato, en sustitución de la carne, y precedidas de una ensalada y las carnes rojas sólo como parte de guisos y estofados con verduras, no como ingrediente principal, reduce grasas, colesterol y calorías.

Consumir pescado en abundancia y huevos con moderación.

  • Aproveche la temporada de algunos pescados, más sabrosos y a mejor precio (verdel, anchoas, sardinas, atún, bonito…). Una opción es el pescado congelado, que garantiza todo su valor nutritivo. Las conservas de atún, sardinas o caballa son otra posibilidad de comer pescado azul.
  • Se aconseja el consumo de entre 3 y 4 huevos a la semana (más si la persona es corpulenta o físicamente activa), como alternativa proteica a carnes y pescados.

La fruta fresca como postre habitual.

Alternar fruta fresca y zumo es una buena opción para iniciarse en el consumo de frutas.

El agua es la bebida por excelencia. El vino se ha de tomar con moderación y con las comidas.

Caldos, sopas, infusiones y granizados son opciones que también hidratan. No se recomienda iniciarse en el consumo del vino si no se tiene costumbre. El mosto y, mejor la uva, contiene los antioxidantes del vino, con la ventaja de no tener alcohol y concentrar muchos más nutrientes.

Realizar actividad física todos los días.

Para mantenerse activo es esencial buscar el ejercicio físico que más guste y mejor se adapte a nuestras necesidades y ritmo de vida.

Fuente: Adaptado de las recomendaciones de la Fundación Dieta Mediterránea

www.consumer.es

Consumo diario

Enero 1st, 2010

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski, de la que se ha realizado la siguiente copia.

Cantidades Diarias Orientativas, valores recomendados de energía y nutrientes

Estas medidas, que aparecen en las etiquetas, ayudan a conocer cómo un producto contribuye a mantener una dieta equilibrada

Las Cantidades Diarias Orientativas (CDO) son la referencia a la energía (en Kilocalorías y Kilojulios), los nutrientes de los alimentos (macronutrientes, como proteínas, hidratos de carbono, incluida la fibra, y grasas) y los micronutrientes (minerales y vitaminas) que necesitan la mayoría de las personas sanas para mantener su salud. La industria alimentaria proporciona en alimentos y bebidas la información relativa a calorías y nutrientes, según la ración que se consuma. El objetivo es que los consumidores mejoren su comprensión sobre la contribución de cada producto al logro de una dieta equilibrada.

De la teoría a la práctica

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- Imagen: Jennifer Dickert -

Las Cantidades Diarias Orientativas se denominan también Recomendación Diaria Aconsejada, RDA, o Cantidad Diaria Recomendada, CDR. Sus valores de energía se calculan a partir de las necesidades medias estimadas de la población. Para un adulto, este cálculo tiene en cuenta tres aspectos: el metabolismo basal, el ejercicio físico y la termogénesis. El primero es la cantidad de energía necesaria para el mantenimiento de los procesos vitales. Representa alrededor de dos tercios de las necesidades energéticas totales y varía en función de la edad (disminuye con los años), el sexo (mayor en el masculino), el tamaño y la composición corporal, el crecimiento, la ingesta, la genética, la temperatura ambiental y ciertas patologías.

El ejercicio físico representa alrededor de un tercio del gasto energético total (GET), aunque varía según la edad, el sexo y la ocupación del tiempo de ocio o la exigencia física del trabajo. La termogénesis es el gasto energético necesario para realizar los procesos de digestión, absorción y metabolismo de los nutrientes, además del gasto secundario al frío, el estrés y la toma de medicamentos. La termogénesis inducida por la dieta consume alrededor del 10% de la cantidad de calorías ingeridas.

En general, se establecen recomendaciones para una persona tipo que realiza una actividad ligera o moderada. La CDO de energía para una mujer adulta se estima en 2.000 kcal. En el caso de los hombres asciende a 2.500 kcal. Estos valores se utilizan como referencia para calcular las Cantidades Diarias Orientativas de los distintos nutrientes, ya que las necesidades energéticas y nutricionales individuales se han de adaptar según las distintas situaciones, como el nivel de actividad física, el momento de la vida (infancia, adolescencia, embarazo, lactancia) o la situación de salud o enfermedad.

Los dietistas-nutricionistas traducen a raciones de alimentos los aportes nutricionales recomendados, expresados en términos nutritivos. De esta forma, pretenden formar e informar al consumidor para que pueda hacer elecciones dietéticas más saludables. No obstante, la industria alimentaria añade de manera complementaria estos valores nutritivos en sus etiquetas para que el consumidor sepa cómo se nutre.

El papel de la industria alimentaria

En los últimos años, cada vez más fabricantes y empresas de distribución de alimentos contemplan en el etiquetado los nutrientes más susceptibles de aumentar el riesgo de padecer algún trastorno relacionado con la alimentación: grasas, grasas saturadas, azúcares y sodio (o sal). Esta iniciativa privada responde a la propuesta europea enmarcada en el Proyecto Flabel, cuyo objetivo es ofrecer un mejor diseño y formato de las etiquetas, con contenidos más claros, para que resulten más comprensibles al consumidor.

Algunos fabricantes y empresas de distribución agregan pictogramas que resaltan las particularidades de un alimento según sea rico en fibra o fuente de fibra, sin grasas vegetales parcialmente hidrogenadas, sin sal o bajo en sal, sin azúcares añadidos o light.

Estas declaraciones saludables tendrán que responder a las normas establecidas por la normativa vigente, el Reglamento 1924/2006, relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos.

SEMÁFORO NUTRICIONAL

Todos los productos de marca propia EROSKI incluyen desde septiembre de 2007 el denominado semáforo nutricional. El objetivo de este etiquetado avanzado es aportar la información de una manera más clara, completa y comprensible para el consumidor, de manera que pueda interpretar y entender con un simple vistazo los valores nutricionales y la relevancia que puedan tener en su salud.

Las particularidades del semáforo nutricional se resumen en los siguientes puntos:

· Información nutricional en el FRONTAL DEL ENVASE para que el consumidor la localice de forma rápida.

· Información nutricional POR RACIÓN del alimento para identificar de manera más sencilla la cantidad real que se ingiere de cada nutriente.

· Información de la ingesta recomendada para la ENERGÍA Y LOS NUTRIENTES considerados importantes desde el punto de vista de la salud pública (azúcar, grasa, grasa saturada, sal y fibra), por ración de alimento. Para los cuatro primeros hay definida una ingesta máxima recomendada (su consumo se debe vigilar), mientras que para la fibra se establece una ingesta diaria mínima recomendada (porque en términos generales, su consumo se debe aumentar).

·       Por ración del alimento, información del porcentaje de cada uno de los nutrientes según la CANTIDAD DIARIA ORIENTATIVA (CDO) para facilitar que el consumidor conozca qué supone la cantidad de nutriente de una ración de alimento respecto a la Cantidad Diaria Orientativa.

· CÓDIGO DE COLORES. Verde, amarillo y naranja. Con un simple vistazo, el consumidor identifica si una ración del alimento tiene un alto (naranja), medio (amarillo) o bajo (verde) contenido de calorías, azúcar, grasa, grasa saturada y sal.

Autor: Por MAITE ZUDAIRE

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