Archivos de la Categoria ‘Practicas saludables’

Vahos e inhalaciones

Febrero 27th, 2010

Este escrito ha sido publicado por la Revista En Buenas Manos  de la que se ha realizado la siguiente copia.

Vahos e inhalaciones

Los vahos o inhalaciones son un antiquísimo remedio natural para descongestionar nuestras vías respiratorias y ayudarnos a respirar “a pleno pulmón”.

¿Qué son los vahos o inhalaciones?

Los vahos o inhalaciones son un método de curación en el que el paciente respira vapor de agua. Normalmente para aumentar su efecto terapéutico se le suele añadir aceites esenciales o alguna planta medicinal.

Como se hacen los vahos o inhalaciones

Tradicionalmente la gente pone agua a hervir. Una vez han pasado unos primeros instantes y ya no haya riesgo de quemarnos añadimos dos o tres gotas de algún aceite esencial (el de Eucalipto suele ser el más habitual). Nos cubrimos la cabeza y la olla o cazuela con una toalla (nunca nada de plástico) para inhalar estos vapores. Esto se hace durante unos minutos.

Muchas personas para evitar quemarse con la propia cacerola vierten el agua hirviendo en la pila del baño (donde nos lavamos las manos) y allí hacen los vahos o inhalaciones.
Respiraremos por la boca y por la nariz ya que así limpiaremos la nariz, los senos nasales, la garganta y los bronquios.

¿Que aceites esenciales son los más adecuados?

Los aceites esenciales más utilizados para los vahos o inhalaciones son los de Eucalipto, Menta y Pino. Siempre hemos de tener en cuenta que sean aceites esenciales de la máxima calidad ya que muchos aceites o esencias son artificiales y solo valen como perfumes. Preguntad en vuestro herbolario o farmacia. Allí os recomendarán el fabricante así como la dosis ya que algunos son más concentrados que otros.

También se puede hacer hervir el agua con plantas medicinales como las hojas y bayas del Eucalipto, el Tomillo, la Manzanilla y la Menta. El efecto es más suave que con los aceites esenciales y se utiliza en niños, embarazadas y asmáticos leves.

Beneficios o indicaciones más habituales

Normalmente la gente se prepara los vahos o inhalaciones cuando se siente muy congestionada y necesita eliminar esa mucosidad o flema.

Así pues en caso de resfriados, bronquitis, tos, sinusitis y sequedad respiratoria notaremos un gran alivio ya que se rehidratan las vías respiratorias y las mucosidades se eliminan más rápidamente. Es un modo de prevenir que la mucosidad no se acumule y se acabe infectando.

Clases o tipos de vahos o inhalaciones

Hay dos tipos de inhalaciones: secas y húmedas.

  • En las inhalaciones secas pondremos unas gotas de aceites esenciales en un pañuelo o trapo y los respiraremos acercando la boca y la nariz. Es muy práctico dejar un pañuelito con esencias cerca de la mesita de noche cuando vamos a dormir.
  • Los vahos o inhalaciones húmedas son las que se realizan con el vapor de agua.

Precauciones a tener en cuenta

  • Si hacemos los vahos o inhalaciones en una cazuela u olla hemos de tener en cuenta que nos podemos quemar si la tocamos.
  • Los asmáticos nunca deben de poner esencia de Eucalipto. De hecho sólo con el agua ya mejorarán y no corremos ningún riesgo de que se les cierren aún más los bronquios.
  • Por último decir que siempre hemos de esperar unos minutos, tras verter el agua hirviendo, a fin de no quemarnos con ese vapor tan intenso.

En general las embarazadas, asmáticos y bebés no deberían de hacer los vahos sin consultar a su médico o especialista.

Josep Vicent Arnau
Naturópata y Acupuntor
Colaborador de enbuenasmanos.com

www.enbuenasmanos.com

Manzana contra patógenos

Febrero 8th, 2010

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski,  de la que se ha realizado la siguiente copia.

Barreras naturales de manzana contra patógenos

Una película comestible de esta fruta enriquecida con antimicrobianos podría proteger la carne roja y las aves de corral

Uno de los aspectos más destacados en las investigaciones actuales en el campo de la tecnología del envase, además de los activos, renovables e inteligentes, es el desarrollo de películas comestibles. Estas cubiertas envuelven un alimento para mejorar su apariencia, pero también son una barrera efectiva contra la transmisión de gases, vapores y otras sustancias. Constituyen una solución a problemas de migración de humedad, oxígeno, dióxido de carbono o aromas. En algunos casos, pueden utilizarse como transportadores de antimicrobianos, antioxidantes o saborizantes, como las pieles de manzana con antimicrobianos de origen vegetal, que protegen la carne roja y las aves de corral frente a bacterias como “E.coli” y “Listeria”.


- Imagen: Alaa Hamed -

La industria alimentaria se encuentra en continua búsqueda de productos naturales alternativos a los tradicionales antimicrobianos y conservantes sintéticos. Uno de los últimos hallazgos ha dado con dos nuevos antimicrobianos vegetales: el carvacrol (componente principal del aceite esencial de orégano) y el cinamaldehído (procedente de la canela). Ambos se han localizado en la película comestible de la manzana.

Pechuga de pollo y jamón cocido

Estas dos sustancias inactivan las bacterias patógenas tanto en pechuga de pollo como en jamón cocido contaminados con patógenos. Durante los experimentos, llevados a cabo en el Departamento de Veterinaria y Microbiología de la Universidad de Arizona (Estados Unidos), se han inoculado cultivos de “E.coli” en la superficie de las pechugas de pollo deshuesadas sin piel y de “Listeria monocytogenes”, en el jamón cocido. Los productos inoculados se envolvieron con las películas de manzana con antimicrobianos cinamaldehído o carvacrol en tres concentraciones diferentes: 0,5%, 1,5% y 3%. Tras incubarse a dos temperaturas distintas (23ºC y 4°C) durante 72 horas, el análisis detectó bacterias patógenas.

Los agentes antimicrobianos en películas comestibles sirven de barrera contra patógenos en productos cárnicos

Las pechugas de pollo incubadas a 23°C y envueltas con película que contenía un 3% de antimicrobianos mostraron la mayor reducción de los patógenos “Salmonella enterica” y “E. coli O157: H7″. La carne con películas de menor concentración (1,5% y 0,5%) reveló también reducciones significativas, pero inferiores a la anterior. Al bajar la temperatura de incubación, la actividad antimicrobiana del carvacrol es mayor que la del cinamaldehído.

La industria alimentaria y los consumidores podrían utilizar estos envoltorios para controlar la contaminación de la superficie de los alimentos. Los agentes antimicrobianos en las películas comestibles podrían servir como barrera para los microorganismos contaminantes en un amplio rango de productos cárnicos y otros como el pescado. Estos hallazgos complementan y amplían estudios anteriores que identificaron la inactivación de patógenos mediante los mismos agentes.

La doble función del carvacrol

Las investigaciones en el campo de los envoltorios comestibles o envases enriquecidos con antimicrobianos vegetales no son una novedad. Estudios realizados con carvacrol en la Universidad de California demuestran que este compuesto no sólo confiere propiedades antibacterianas a las películas de manzana, sino que aumenta su estabilidad y conservación. Su adición disminuye el vapor de agua y la permeabilidad de las nuevas pieles, por lo que el carvacrol puede utilizarse con un doble fin en la industria alimentaria: conferir propiedades antimicrobianas y aumentar la acción como barrera de estos recubrimientos.

También el Departamento de Agricultura de EE.UU. ha colaborado en un estudio con un doble objetivo. Por una parte, evaluar las propiedades antimicrobianas de estos envoltorios contra “E.coli 0157:H7″ y analizar su estabilidad durante el almacenamiento. Por otra, estudiar las propiedades físicas, químicas y mecánicas de una serie de films comestibles a base de tomate y con contenidos de carvacrol. El puré de tomate caliente fue el ingrediente principal en todas las soluciones elaboradas para hacer las películas. A estos se añadió pectina para incrementar su resistencia. El carvacrol se incorporó al puré de tomate en concentraciones de 0%, 0,5%, 0,75%, 1% y 1.5%. Para examinar la eficacia se usaron platos de agar en los que se colocaron muestras de los films. No se constató ningún tipo de crecimiento microbiano en las porciones que contenían 0,75% y 1% de carvacrol.

Canela para conservar pan

Un grupo de investigadores de la Universidad de Zaragoza fue pionero en analizar otro compuesto muy prometedor, el cinamaldehído. Realizaron un estudio de envases de canela para conservar el pan blanco, en el que la proliferación de hongos provoca su deterioro y rechazo. La hipótesis se basaba en la acción de agentes activos procedentes del recubrimiento del alimento, que se liberan en la atmósfera del envase y proporcionan las condiciones adecuadas para evitar el crecimiento de microorganismos. Para llevar a cabo el experimento, se confeccionó el papel con capa doble y con el agente activo en una cara. Se utilizó una fórmula de parafina que incluía una cantidad suficiente de aceite esencial de canela como agente activo.

El objetivo del estudio era probar que, al incorporar cinamaldehído a la cera sólida de parafina, la actividad antifúngica de esta mezcla resultaba bastante eficiente como capa protectora en el envasado del pan blanco para inhibir su deterioro. Los resultados mostraron que el 6% del aceite esencial de la capa inhibía de forma completa el crecimiento de hongos.

ANTIBACTERIANOS DE ORIGEN VEGETAL

  • El orégano, cuyo aceite esencial es sobre todo carvacrol, es un potente antimicrobiano. Este aceite se utiliza en pienso de lechones recién destetados como sustituto de los antibióticos (prohibidos como promotores del crecimiento en animales de granja) para superar el estrés generado por el cambio de alimentación y evitar posibles complicaciones.
  • Miembros del Servicio de Investigación Agrícola de los Estados Unidos (ARS) han evaluado la actividad antimicrobiana de un macerado de vino, hojas de orégano, zumo de ajo y aceite de orégano contra “Bacillus cereus”, “Escherichia coli O157:H7″, “Listeria monocytogenes” y “Salmonella enterica”, que en una hora de maceración reduce su población a la mitad.
  • Un trabajo de investigación realizado en la Universidad de Maine, en colaboración con la Universidad Nacional Chiao Tung y la Universidad de Shanghai Ocean, sugiere que el concentrado de arándano puede utilizarse para disminuir los niveles de “E. coli” en carne picada.
  • Numerosos trabajos atribuyen al ajo efectos contra los microbios. La alicina, compuesto oloroso del ajo, es un antimicrobiano que puede eliminar una gran variedad de microorganismos a través de su contacto directo.
  • Otro estudio realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Maribor, en Eslovenia, destaca que los extractos de semillas de guaraná, por su demostrado poder antioxidante y antimicrobiano, se utilizan como aditivos para la conservación de alimentos.

Autor: Por MAITE PELAYO

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Sobre la Dieta Mediterránea

Enero 10th, 2010

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski,  de la que se ha realizado la siguiente copia.

Dieta mediterránea: Problemas y soluciones para disfrutar de la dieta mediterránea

Reconocida como una de las dietas más saludables del mundo, el cambio en los hábitos de consumo empieza a dificultar su seguimiento


La dieta mediterránea no es la panacea, pero se acerca. Un estudio elaborado en Reino Unido sostiene que reduce a la mitad el riesgo de sufrir enfermedades pulmonares, otro desarrollado en España destaca sus propiedades en la actividad antimicrobiana y el más reciente, firmado por investigadores griegos, desvela que podría proteger contra el asma y la alergia. Ésta es sólo una muestra de los cientos de informes elaborados por los más diversos investigadores, en todos los países del mundo, sobre la dieta mediterránea y sus beneficios en la salud humana. De hecho, es la candidata oficial al nombramiento por la UNESCO de dieta Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Nadie pone en tela de juicio las bondades nutricionales y saludables de comer tres piezas de fruta y dos raciones hortalizas diarias, el uso de aceite de oliva como principal grasa de adición, la ingesta de pescado en abundancia y de frutos secos. Sin embargo, la inclusión de estos alimentos en la cesta de la compra en la cantidad suficiente como para consumirlos con la frecuencia recomendada se ha convertido, por la influencia del cambio en los patrones alimentarios y en el estilo de vida, en un reto, más que en una opción.

Tiempo y dinero. Éstas son las razones por las que el consumidor compra cada vez más alimentos precocinados o elaborados, fáciles de preparar y rápidos de consumir, aunque muchos de ellos sean de peor calidad nutritiva (más grasas trans y más azucares, entre otros componentes perjudiciales). A esto se suma la tendencia al alza de los precios de productos básicos (frutas, hortalizas, verduras y pescados), así como la pérdida de poder adquisitivo de las familias y el hecho de que muchos de los alimentos precocinados son más económicos que sus equivalentes frescos. La combinación de ambos factores limita la elección alimentaria en muchos hogares y explica, en parte, las verdaderas dificultades que muchas familias españolas encuentran para seguir la dieta mediterránea.

¿Dieta en desuso?

Los beneficios para la salud de esta dieta fueron descritos en un primer momento en la década de los 50 por Ancel Keys, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Minnessota (EE.UU.), en el llamado ‘Estudio de los siete países’. En él investigó las relaciones entre las enfermedades coronarias y la dieta de países como EE.UU., Japón, Finlandia, Holanda, Yugoslavia, Italia y Grecia. Los hábitos alimentarios en el área mediterránea llamaron mucho la atención tras constatar que la incidencia de enfermedades coronarias era significativamente menor que en el norte de Europa. A partir de las evidencias surgidas de este estudio epidemiológico, han proliferado las investigaciones que asocian dieta mediterránea y salud.

El Instituto Europeo de la Dieta Mediterránea, por su parte, describe este modelo alimentario como abundante en pan, pasta, verduras, ensaladas, legumbres, frutas y frutos secos; aceite de oliva como principal fuente de grasa; mayor consumo de pescado y aves que de carnes rojas; y moderadas cantidades de vino, consumido en las comidas. Además, se asocia a un estilo de vida que conforma el patrimonio cultural de los países mediterráneos como la práctica regular de actividad física, la socialización de las comidas o la costumbre de la siesta.

Pero en las últimas décadas, en paralelo a la modernización de la sociedad y a la globalización alimentaria, el patrón de alimentación y el modelo de estilo de vida mediterráneo han cambiado. Según datos del Observatorio de la Dieta Mediterránea (2006), entre los años 1987 y 2005 se ha constatado un alejamiento sustancial respecto a la dieta mediterránea, tanto en el ámbito familiar como en el sector de hostelería y restauración. El aumento del consumo de alimentos con una elevada densidad energética (grasas y azúcares) y del sedentarismo inciden la salud de la población, con el aumento de enfermedades crónicas, encabezadas por la obesidad, trastornos coronarios, hipertensión y ciertos tipos de cáncer.

Soluciones prácticas

Ante esta nueva situación, condicionada por la falta de tiempo para cocinar determinados alimentos que requieren una cocción o elaboración prolongada (legumbres), y de dinero para comprarlos, se propone una solución que pasa por comprar alimentos de temporada, congelar de manera responsable la mayor cantidad de comida posible, y aprovechar las sobras.

Los alimentos de temporada, además de condensar más nutrientes y tener más sabor, son también más baratos, una información a tener muy en cuenta para lograr un equilibrio dietético sin dañar en exceso el bolsillo. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los congeladores disponen ahora de más espacio y se regulan a temperaturas que garantizan el valor nutritivo y la calidad higiénica y sanitaria de los alimentos congelados durante meses. Esta opción permite que la comida no se tire, sino que se reutilice. Las sobras de comida se aprovechan, por muy pequeñas que sean, para hacer recetas originales, novedosas, sencillas, rápidas y muy nutritivas (croquetas, empanadillas, canelones, purés de verduras…).

Dos o tres frutas diarias

Es importante saber que un vaso de zumo equivale a una ración de fruta y que es más saludable tomar zumo que no tomar nada de fruta. Estos zumos, diluidos en agua y congelados en recipientes adecuados, sirven también para degustar un nutritivo helado de fruta. Por otra parte, la macedonia de fruta fresca, mezclada con fruta en almíbar, da bastante juego y ayuda en gran medida a resolver la dificultad de comer fruta a diario. La parte aprovechable de la fruta muy madura sirve para hacer compotas, purés de frutas como guarnición de carnes o pescados, o batidos mezclados con yogur o leche.

Verduras a diario

El mejor consejo a seguir en este apartado es la degustación de las hortalizas de cada estación; en invierno y primavera más lechugas, escarolas, endibias y cogollos; y en verano, más ensaladas de tomate, pepino y pimientos con cebolletas frescas… Siempre están disponibles y a un precio asequible las verduras congeladas y las conservas sencillas, es decir, las que están cocidas y envasadas sólo con agua y sal.

El pescado

El pescado fresco de oferta, bien limpio de espinas y tripas, admite la congelación con la garantía de aprovecharlo en los momentos en los que este alimento básico suba de precio. Las conservas de pescado (atún, sardinas, caballa…) o de marisco (mejillones…) son una alternativa valiosa para incluir este nutriente en la dieta diaria, ya sea en ensaladas, mezclado con el arroz y la pasta, en rellenos como los pimientos, e incluso, en tortilla.

Japón, la ‘otra’ dieta mediterránea


A la dieta japonesa se la ha denominado en ocasiones la ‘otra’ dieta mediterránea. Se considera un factor clave en la longevidad de la población nipona y en los menores índices de enfermedades coronarias. Además, este país registra la menor tasa de obesidad en el mundo desarrollado (el 3% frente al 15% de España o el 32% de Estados Unidos).

La dieta japonesa, cada vez más reconocida en occidente por su sencillez, salubridad y atractivo visual, comparte la base de la dieta mediterránea tradicional. La abundancia de pescado, arroz (hasta en el desayuno, en lugar de galletería y bollería, propia de nuestro entorno) y vegetales, con apenas presencia de carnes rojas y productos procesados, la hace tan saludable como la mediterránea.

A las anteriores virtudes dietéticas se suman otras que empiezan a ocupar un lugar cada vez más destacado en los menús occidentales: el consumo diario de soja y/o derivados (tofu, miso, salsa de soja), además de algas. Son habituales también las especias y condimentos, entre los que destaca el digestivo jengibre, para uso en la elaboración de comidas tanto dulces como saladas.

Las preparaciones son sencillas. La cocción al vapor, en cesta de bambú o a la plancha, es la técnica culinaria más utilizada. A esto se suma la costumbre de servirse porciones de alimentos más pequeñas, lo que ayuda a servirse menos cantidad. Está demostrado que cuando uno se sirve más cantidad, tiende a comer más, aunque no tenga hambre. No obstante, como en nuestro país, se está produciendo un cambio progresivo de hábitos que empieza a traducirse en un aumento de las enfermedades relacionadas con la mala dieta.

TABLA COMPARATIVA

Las 10 reglas de oro para seguir la dieta mediterránea
La mejor opción mediterránea Cómo seguir la norma
Utilizar el aceite de oliva como principal grasa de adición. Reservarlo para el aliño. El aceite de girasol ‘alto oleico’ es buen sustituto al aceite oliva para freír.
Consumir alimentos vegetales en abundancia: frutas, verduras, legumbres y frutos secos. El zumo envasado es una buena alternativa. Comprar más verduras de temporada – mejor calidad al mejor precio- o de oferta permite congelarlas para disponer de ellas cuando suban de precio. La verdura ultracongelada es otra opción interesante desde un punto de vista nutricional.
El pan y los alimentos procedentes de cereales (pasta, arroz y sus productos integrales) deberían formar parte de la alimentación diaria. Se recomienda la introducción de alimentos integrales en el menú diario. Comience por el pan integral, los cereales y las galletas y, más adelante, el arroz y la pasta.
Los alimentos poco procesados, frescos y locales son los más adecuados. Los alimentos de temporada están en su mejor momento de nutrientes, sabor, aroma y precio.
Consumir diariamente productos lácteos, principalmente yogur y quesos. Tomar cada día leche fermentada es un hábito muy sano que se asocia a diversos beneficios para la salud.
Consumir carne roja con moderación. Comer las legumbres como segundo plato, en sustitución de la carne, y precedidas de una ensalada y las carnes rojas sólo como parte de guisos y estofados con verduras, no como ingrediente principal, reduce grasas, colesterol y calorías.
Consumir pescado en abundancia y huevos con moderación.
  • Aproveche la temporada de algunos pescados, más sabrosos y a mejor precio (verdel, anchoas, sardinas, atún, bonito…). Una opción es el pescado congelado, que garantiza todo su valor nutritivo. Las conservas de atún, sardinas o caballa son otra posibilidad de comer pescado azul.
  • Se aconseja el consumo de entre 3 y 4 huevos a la semana (más si la persona es corpulenta o físicamente activa), como alternativa proteica a carnes y pescados.
La fruta fresca como postre habitual. Alternar fruta fresca y zumo es una buena opción para iniciarse en el consumo de frutas.
El agua es la bebida por excelencia. El vino se ha de tomar con moderación y con las comidas. Caldos, sopas, infusiones y granizados son opciones que también hidratan. No se recomienda iniciarse en el consumo del vino si no se tiene costumbre. El mosto y, mejor la uva, contiene los antioxidantes del vino, con la ventaja de no tener alcohol y concentrar muchos más nutrientes.
Realizar actividad física todos los días. Para mantenerse activo es esencial buscar el ejercicio físico que más guste y mejor se adapte a nuestras necesidades y ritmo de vida.

Fuente: Adaptado de las recomendaciones de la Fundación Dieta Mediterránea

www.consumer.es

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski,  de la que se ha realizado la siguiente copia.

Dieta mediterránea: Problemas y soluciones para disfrutar de la dieta mediterránea

Reconocida como una de las dietas más saludables del mundo, el cambio en los hábitos de consumo empieza a dificultar su seguimiento

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La dieta mediterránea no es la panacea, pero se acerca. Un estudio elaborado en Reino Unido sostiene que reduce a la mitad el riesgo de sufrir enfermedades pulmonares, otro desarrollado en España destaca sus propiedades en la actividad antimicrobiana y el más reciente, firmado por investigadores griegos, desvela que podría proteger contra el asma y la alergia. Ésta es sólo una muestra de los cientos de informes elaborados por los más diversos investigadores, en todos los países del mundo, sobre la dieta mediterránea y sus beneficios en la salud humana. De hecho, es la candidata oficial al nombramiento por la UNESCO de dieta Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Nadie pone en tela de juicio las bondades nutricionales y saludables de comer tres piezas de fruta y dos raciones hortalizas diarias, el uso de aceite de oliva como principal grasa de adición, la ingesta de pescado en abundancia y de frutos secos. Sin embargo, la inclusión de estos alimentos en la cesta de la compra en la cantidad suficiente como para consumirlos con la frecuencia recomendada se ha convertido, por la influencia del cambio en los patrones alimentarios y en el estilo de vida, en un reto, más que en una opción.

Tiempo y dinero. Éstas son las razones por las que el consumidor compra cada vez más alimentos precocinados o elaborados, fáciles de preparar y rápidos de consumir, aunque muchos de ellos sean de peor calidad nutritiva (más grasas trans y más azucares, entre otros componentes perjudiciales). A esto se suma la tendencia al alza de los precios de productos básicos (frutas, hortalizas, verduras y pescados), así como la pérdida de poder adquisitivo de las familias y el hecho de que muchos de los alimentos precocinados son más económicos que sus equivalentes frescos. La combinación de ambos factores limita la elección alimentaria en muchos hogares y explica, en parte, las verdaderas dificultades que muchas familias españolas encuentran para seguir la dieta mediterránea.

¿Dieta en desuso?

Los beneficios para la salud de esta dieta fueron descritos en un primer momento en la década de los 50 por Ancel Keys, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Minnessota (EE.UU.), en el llamado ‘Estudio de los siete países’. En él investigó las relaciones entre las enfermedades coronarias y la dieta de países como EE.UU., Japón, Finlandia, Holanda, Yugoslavia, Italia y Grecia. Los hábitos alimentarios en el área mediterránea llamaron mucho la atención tras constatar que la incidencia de enfermedades coronarias era significativamente menor que en el norte de Europa. A partir de las evidencias surgidas de este estudio epidemiológico, han proliferado las investigaciones que asocian dieta mediterránea y salud.

El Instituto Europeo de la Dieta Mediterránea, por su parte, describe este modelo alimentario como abundante en pan, pasta, verduras, ensaladas, legumbres, frutas y frutos secos; aceite de oliva como principal fuente de grasa; mayor consumo de pescado y aves que de carnes rojas; y moderadas cantidades de vino, consumido en las comidas. Además, se asocia a un estilo de vida que conforma el patrimonio cultural de los países mediterráneos como la práctica regular de actividad física, la socialización de las comidas o la costumbre de la siesta.

Pero en las últimas décadas, en paralelo a la modernización de la sociedad y a la globalización alimentaria, el patrón de alimentación y el modelo de estilo de vida mediterráneo han cambiado. Según datos del Observatorio de la Dieta Mediterránea (2006), entre los años 1987 y 2005 se ha constatado un alejamiento sustancial respecto a la dieta mediterránea, tanto en el ámbito familiar como en el sector de hostelería y restauración. El aumento del consumo de alimentos con una elevada densidad energética (grasas y azúcares) y del sedentarismo inciden la salud de la población, con el aumento de enfermedades crónicas, encabezadas por la obesidad, trastornos coronarios, hipertensión y ciertos tipos de cáncer.

Soluciones prácticas

Ante esta nueva situación, condicionada por la falta de tiempo para cocinar determinados alimentos que requieren una cocción o elaboración prolongada (legumbres), y de dinero para comprarlos, se propone una solución que pasa por comprar alimentos de temporada, congelar de manera responsable la mayor cantidad de comida posible, y aprovechar las sobras.

Los alimentos de temporada, además de condensar más nutrientes y tener más sabor, son también más baratos, una información a tener muy en cuenta para lograr un equilibrio dietético sin dañar en exceso el bolsillo. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los congeladores disponen ahora de más espacio y se regulan a temperaturas que garantizan el valor nutritivo y la calidad higiénica y sanitaria de los alimentos congelados durante meses. Esta opción permite que la comida no se tire, sino que se reutilice. Las sobras de comida se aprovechan, por muy pequeñas que sean, para hacer recetas originales, novedosas, sencillas, rápidas y muy nutritivas (croquetas, empanadillas, canelones, purés de verduras…).

Dos o tres frutas diarias

Es importante saber que un vaso de zumo equivale a una ración de fruta y que es más saludable tomar zumo que no tomar nada de fruta. Estos zumos, diluidos en agua y congelados en recipientes adecuados, sirven también para degustar un nutritivo helado de fruta. Por otra parte, la macedonia de fruta fresca, mezclada con fruta en almíbar, da bastante juego y ayuda en gran medida a resolver la dificultad de comer fruta a diario. La parte aprovechable de la fruta muy madura sirve para hacer compotas, purés de frutas como guarnición de carnes o pescados, o batidos mezclados con yogur o leche.

Verduras a diario

El mejor consejo a seguir en este apartado es la degustación de las hortalizas de cada estación; en invierno y primavera más lechugas, escarolas, endibias y cogollos; y en verano, más ensaladas de tomate, pepino y pimientos con cebolletas frescas… Siempre están disponibles y a un precio asequible las verduras congeladas y las conservas sencillas, es decir, las que están cocidas y envasadas sólo con agua y sal.

El pescado

El pescado fresco de oferta, bien limpio de espinas y tripas, admite la congelación con la garantía de aprovecharlo en los momentos en los que este alimento básico suba de precio. Las conservas de pescado (atún, sardinas, caballa…) o de marisco (mejillones…) son una alternativa valiosa para incluir este nutriente en la dieta diaria, ya sea en ensaladas, mezclado con el arroz y la pasta, en rellenos como los pimientos, e incluso, en tortilla.

Japón, la ‘otra’ dieta mediterránea

http://static.consumer.es/revista/imgs/20080601/alimentacion.02.jpg

A la dieta japonesa se la ha denominado en ocasiones la ‘otra’ dieta mediterránea. Se considera un factor clave en la longevidad de la población nipona y en los menores índices de enfermedades coronarias. Además, este país registra la menor tasa de obesidad en el mundo desarrollado (el 3% frente al 15% de España o el 32% de Estados Unidos).

La dieta japonesa, cada vez más reconocida en occidente por su sencillez, salubridad y atractivo visual, comparte la base de la dieta mediterránea tradicional. La abundancia de pescado, arroz (hasta en el desayuno, en lugar de galletería y bollería, propia de nuestro entorno) y vegetales, con apenas presencia de carnes rojas y productos procesados, la hace tan saludable como la mediterránea.

A las anteriores virtudes dietéticas se suman otras que empiezan a ocupar un lugar cada vez más destacado en los menús occidentales: el consumo diario de soja y/o derivados (tofu, miso, salsa de soja), además de algas. Son habituales también las especias y condimentos, entre los que destaca el digestivo jengibre, para uso en la elaboración de comidas tanto dulces como saladas.

Las preparaciones son sencillas. La cocción al vapor, en cesta de bambú o a la plancha, es la técnica culinaria más utilizada. A esto se suma la costumbre de servirse porciones de alimentos más pequeñas, lo que ayuda a servirse menos cantidad. Está demostrado que cuando uno se sirve más cantidad, tiende a comer más, aunque no tenga hambre. No obstante, como en nuestro país, se está produciendo un cambio progresivo de hábitos que empieza a traducirse en un aumento de las enfermedades relacionadas con la mala dieta.

TABLA COMPARATIVA

Las 10 reglas de oro para seguir la dieta mediterránea

La mejor opción mediterránea

Cómo seguir la norma

Utilizar el aceite de oliva como principal grasa de adición.

Reservarlo para el aliño. El aceite de girasol ‘alto oleico’ es buen sustituto al aceite oliva para freír.

Consumir alimentos vegetales en abundancia: frutas, verduras, legumbres y frutos secos.

El zumo envasado es una buena alternativa. Comprar más verduras de temporada – mejor calidad al mejor precio- o de oferta permite congelarlas para disponer de ellas cuando suban de precio. La verdura ultracongelada es otra opción interesante desde un punto de vista nutricional.

El pan y los alimentos procedentes de cereales (pasta, arroz y sus productos integrales) deberían formar parte de la alimentación diaria.

Se recomienda la introducción de alimentos integrales en el menú diario. Comience por el pan integral, los cereales y las galletas y, más adelante, el arroz y la pasta.

Los alimentos poco procesados, frescos y locales son los más adecuados.

Los alimentos de temporada están en su mejor momento de nutrientes, sabor, aroma y precio.

Consumir diariamente productos lácteos, principalmente yogur y quesos.

Tomar cada día leche fermentada es un hábito muy sano que se asocia a diversos beneficios para la salud.

Consumir carne roja con moderación.

Comer las legumbres como segundo plato, en sustitución de la carne, y precedidas de una ensalada y las carnes rojas sólo como parte de guisos y estofados con verduras, no como ingrediente principal, reduce grasas, colesterol y calorías.

Consumir pescado en abundancia y huevos con moderación.

  • Aproveche la temporada de algunos pescados, más sabrosos y a mejor precio (verdel, anchoas, sardinas, atún, bonito…). Una opción es el pescado congelado, que garantiza todo su valor nutritivo. Las conservas de atún, sardinas o caballa son otra posibilidad de comer pescado azul.
  • Se aconseja el consumo de entre 3 y 4 huevos a la semana (más si la persona es corpulenta o físicamente activa), como alternativa proteica a carnes y pescados.

La fruta fresca como postre habitual.

Alternar fruta fresca y zumo es una buena opción para iniciarse en el consumo de frutas.

El agua es la bebida por excelencia. El vino se ha de tomar con moderación y con las comidas.

Caldos, sopas, infusiones y granizados son opciones que también hidratan. No se recomienda iniciarse en el consumo del vino si no se tiene costumbre. El mosto y, mejor la uva, contiene los antioxidantes del vino, con la ventaja de no tener alcohol y concentrar muchos más nutrientes.

Realizar actividad física todos los días.

Para mantenerse activo es esencial buscar el ejercicio físico que más guste y mejor se adapte a nuestras necesidades y ritmo de vida.

Fuente: Adaptado de las recomendaciones de la Fundación Dieta Mediterránea

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Té verde

Enero 7th, 2010

Propiedades del Té Verde

25 Razones para comenzar a tomar té verde ahora mismo

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El laurel en la digestión

Diciembre 12th, 2009

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski, de la que se ha realizado la siguiente copia.

Las propiedades digestivas del laurel

Destaca por sus beneficios para el aparato respiratorio y para combatir infecciones bacterianas bucales

Uno de los condimentos más empleados en la cocina mediterránea son las hojas de laurel, de la familia de las Lauráceas. A este mismo grupo pertenecen árboles tan aromáticos como el canelero (canela), el alcanforero (alcanfor) y el aguacatero (aguacates). La enorme cantidad de comidas que se preparan para aprovechar su sabor característico lo convierten en una de las hierbas más populares. Se utiliza como condimento y por sus interesantes propiedades saludables. Es un excelente digestivo ya que permite abrir el apetito, combate los gases y protege el hígado.

Digestivo y aperitivo por excelencia

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- Imagen: Miriam Kato -

Las hojas del laurel se han empleado como condimento y como medicina por sus cualidades para mejorar y calmar las digestiones. En su composición, se distinguen diversos ácidos orgánicos, ácidos grasos insaturados, sustancias de acción antioxidante y bactericida y minerales tales como manganeso, calcio, potasio y magnesio. A sus principios activos, el cineol y el eugenol, se les confieren propiedades para estimular el apetito, por lo que su uso está indicado en la elaboración de recetas para personas inapetentes, convalecientes o que necesiten comer más para cubrir sus requerimientos o para engordar. En estos casos, resulta más útil y efectivo tomar una infusión de laurel un rato antes de las comidas.

También se le adjudican en fitoterapia propiedades carminativas, es decir, cierta capacidad para reducir la formación de gases y la hinchazón abdominal, además de funciones protectoras del hígado. Este último efecto se nota por su acción colagoga, al estimular la producción y secreción de bilis, un aspecto que facilita la digestión de las grasas. Por todas estas propiedades, el uso de laurel conviene en la cocina y, en especial, en la elaboración de los platos de Navidad, que suelen ser contundentes, muy energéticos, grasos y poco digestivos.

El laurel reduce la formación de gases y la hinchazón abdominal

Después de una comida copiosa, una infusión de laurel resulta aconsejable para calmar la digestión. Ésta conviene a quienes tienen malas digestiones por disfunción hepática o de la vesícula biliar, y notan digestiones lentas, pesadez, hinchazón y dolor abdominal tras las comidas.

Para preparar la infusión, se añaden unos 20 gramos de hojas de laurel (mejor las hojas más maduras) en un litro de agua. Se hierve de tres a cinco minutos, se retira del fuego y se deja templar y reposar con las hojas. La infusión se puede tomar varias veces al día. Si se bebe antes de las comidas, sirve como aperitivo y abre el apetito; si se toma después, calma las digestiones y la hinchazón. Las hojas frescas conservan mejor sus propiedades que las secas ya que, con el tiempo, los principios activos del laurel merman.

Infusión expectorante y bactericida

El laurel tiene efectos terapéuticos en el aparato respiratorio. Favorece la expulsión de las mucosidades de las vías respiratorias y contiene sustancias de acción bactericida, por lo que resulta muy adecuado en caso de afecciones como bronquitis y faringitis.

Algunas investigaciones se han centrado en determinar y confirmar el potencial antibacteriano de la decocción de algunas plantas para combatir diversidad de bacterias aisladas de la cavidad oral. La decocción o cocimiento es un método de extracción de los principios activos de una planta distinta a la infusión. En la decocción las plantas (sean hojas, semillas, tallos…), se añaden al agua fría que se calienta a fuego lento y se deja hervir varios minutos. En la infusión, se añade agua caliente a las plantas. En ambos casos, se deja reposar el preparado unos minutos, antes de colarlo y beber.

En un ensayo llevado a cabo por el Department of Microbiology de la University of Karachi (Pakistan), usaron hojas de laurel (“Laurus nobilis”), granos de pimienta negra (“Piper nigrum” L.), anís (“Pimpinella anisum” L.) y cilantro (“Coriandum sativum” L.). La decocción de pimienta negra se consideró la más efectiva contra infecciones bacterianas bucales, seguida de las hojas de laurel, mientras que el efecto del anís fue escaso y el del cilantro, nulo.

EFECTOS SECUNDARIOS Y CONTRAINDICACIONES

La parte de uso más común y popular del laurel son las hojas, si bien otros preparados concentran sus principios activos, como aceite de laurel, infusiones, comprimidos o aceite esencial. Esto obliga a tomarlo siempre en la dosis indicada y con asesoramiento de un experto en fitoterapia.

El consumo de infusiones o decocciones concentradas de laurel puede ocasionar náuseas, vómitos e irritación de la mucosa gástrica y, por tanto, se desaconseja en caso de sufrir gastritis y úlcera o de tener el estómago delicado. Se han descrito casos de dermatitis de contacto y fenómenos de fotosensibilización, reacciones que se producen en la piel en contacto con la luz del sol, tras el uso tópico de cremas o aceites con extracto de laurel.

LAUREL HASTA EN LA SOPA

El laurel es imprescindible para muchas personas. Sus hojas (frescas o secas, enteras o troceadas) se añaden a sopas y guisos y, a medida que se cuece, da un profundo y rico aroma y sabor. Es una hierba que congenia con platos de legumbres, como alubias rojas con berza, lentejas con salchichas o garbanzos con piñones.

En el recetario de CONSUMER EROSKI se puede degustar una gran variedad de recetas al laurel, como el arroz verde o el lomo a la cazuela, además de sopas, pescados como el atún mechado, carnes, estofados y guisos y salsas. Sirve como excelente aromatizante de escabeches, en la receta de verduras, de pollo escabechado o de mejillones, y para platos fermentados, como el chucrut.

Autor: Por MAITE ZUDAIRE
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Hipertensión y potasio

Diciembre 12th, 2009

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski, de la que se ha realizado la siguiente copia.

El potasio en la hipertensión arterial

Cuando se toman ciertos fármacos para controlar la hipertensión se elimina una cantidad extra de minerales

El consejo dietético para una persona que sufre hipertensión arterial debe acompañarse, en la mayoría de ocasiones, del uso de fármacos antihipertensivos que ayudan a reducir los niveles de presión arterial. Sin embargo, la mayoría de estos medicamentos conllevan ciertos efectos secundarios que conviene recordar.

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- Imagen: Jasper Greek Golangco –

Los fármacos que se prescriben para controlar la hipertensión arterial tienen, en numerosas ocasiones, un efecto diurético, ya que sirven para aumentar la producción y el volumen de la orina, lo que permite evitar o reducir una situación de retención de líquidos. Y es fundamental regular esa eliminación de líquidos, puesto que para el corazón implica una mayor carga de trabajo porque ha de bombear un mayor volumen de sangre. También es importante controlar la sal de los alimentos con el fin de reducir el riesgo de retención hídrica y regular el trabajo del corazón.

El consumo de los diuréticos tiene, en numerosas ocasiones, efectos negativos. Al tiempo que sirven para eliminar líquidos también fuerzan la eliminación de potasio a través de la orina en cantidades superiores a lo normal. Si las pérdidas no se compensan con una adecuada ingesta, se corre el riesgo de sufrir su carencia. La falta de potasio puede provocar debilidad de los músculos, taquicardia, sed y falta de apetito.

Para compensar la pérdida de potasio a consecuencia de los diuréticos hay que ingerir alimentos ricos en dicho mineral como el plátano

Para evitar estas alteraciones es necesario seguir una dieta variada y equilibrada que asegure un consumo suficiente de alimentos ricos en minerales como hortalizas y verduras, legumbres, patatas, frutas frescas y secas, cereales integrales y frutos secos. En general, todos los alimentos vegetales se caracterizan por su riqueza en potasio.

Compensar las pérdidas

Desde un punto de vista práctico y con el fin de compensar las pérdidas de potasio, es preferible consumir frutas y verduras crudas, ya que las preparaciones culinarias en las que se añade agua o interviene el calor -en particular el remojo y el hervido- disminuyen el contenido del mineral. Para cubrir los requerimientos de potasio de una persona adulta es necesario incluir en su alimentación diaria tres piezas de fruta, una ración de ensalada y un plato de verdura con patata.

Además, para compensar las pérdidas extras se puede tomar un plátano, una de las frutas que más potasio contiene. Otros alimentos útiles son la piña, el albaricoque, las ensaladas, las frutas secas y todos los frutos secos, consumidos de manera cruda y sin sal. Como prevención, debe saberse que una dieta variada y equilibrada proporciona una cantidad suficiente de este mineral.

REDUCIR EL POTASIO DE LOS VEGETALES

Hay determinadas enfermedades, sin embargo, en las que sucede todo lo contrario. Un ejemplo de ello es la insuficiencia renal, donde es habitual que se paute una dieta con bajo contenido de potasio. El potasio es un mineral incluido de forma natural en nuestro organismo y necesario para un correcto funcionamiento del sistema nervioso. No obstante, en ciertas enfermedades aumenta por encima de su nivel normal en sangre y se corre el riesgo de sufir dolencias cardiacas, más o menos graves si no se toman las medidas oportunas.

Esto hace necesario limitar los alimentos de la dieta que son ricos en potasio y usar distintas técnicas de preparación que permiten reducir la cantidad de potasio de los alimentos como el remojo prolongado o la doble cocción.

El remojo prolongado: por ser el potasio un mineral soluble en agua, podemos someter los alimentos a remojo, sin deteriorar ni disminuir su sabor, y sí reducir su contenido en potasio. Se recomienda poner el alimento a remojo durante más de 10 horas, cambiando el agua cuantas veces sea posible. Se aconseja utilizar este sistema con legumbres, patatas (previamente troceadas), conservas de verduras, conservas de legumbres y productos congelados antes de ser cocinados.

La doble cocción: se trata de dar dos hervores en abundante cantidad de agua a todas las verduras, hortalizas, legumbres y patatas, cambiando el agua tras la primera cocción. Este agua se debe desechar siempre.


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