Archivos para Abril, 2010

Las Frutas en la dieta de los niños

Abril 25th, 2010

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski,  de la que se ha realizado la siguiente copia.

Acercar las frutas a la dieta infantil

Se debe proporcionar a los niños piezas de calidad para evitar que abandonen el hábito de consumir frutas.

Las frutas en la dieta infantil suponen un extraordinario aporte de vitaminas, antioxidantes y agua, con apenas 60-80 calorías por pieza. Elegirlas significa también descartar otras opciones y, si se calcula que una unidad de bollería contiene 250 calorías, compuestas sobre todo de azúcares y grasas, la selección es sana. Conocidas sus ventajas, el éxito es lograr que se escojan desde la voluntad y con satisfacción. Se puede conseguir. Hay diferentes fórmulas para conquistar el paladar de los pequeños.

Fruta de calidad y de temporada

- Imagen: Tiffany Washko -

La fruta es el segundo alimento, a continuación de la leche, que saborea el paladar infantil. En general, logra un alto grado de aceptación. Sin embargo, cuando la dieta comienza a diversificarse con otros alimentos, la celebración con que se recibía la papilla empieza a desaparecer. ¿Cómo lograr mantener el gusto? No hay trucos, pero sí algunas pautas.

Conforme el pediatra indica la introducción de nuevos alimentos, la ingesta de fruta será menor. Los 200 gramos de papilla que era capaz de comer el niño en la merienda, ya no sólo se suman a la leche, sino que se añaden a alimentos más saciantes y complejos. Por eso, no hay que insistir en que el niño coma la misma cantidad, pero no debe abandonar el hábito de merendar siempre fruta, aunque sea un trozo o una pieza pequeña, o bien antes de un bocadillo. Ésta es la primera pauta.

Un aliado importante para establecer el hábito con gusto es ofrecer siempre piezas de calidad, con buena presencia, buen color, buen sabor y en su momento justo de maduración. Lo más eficaz es escoger fruta de temporada. Será más probable que coma una sandía fresca, un melocotón perfumado, una mandarina tersa, un plátano uniforme o unas cerezas sin golpes. No es una cuestión baladí. Un mal recuerdo relacionado con la ingesta de una fruta provoca un fuerte rechazo que, además, se amplía a otras frutas de la misma familia. Si hay una mala experiencia con un melocotón, el recuerdo abarca a los albaricoques y las nectarinas.

Sabor, textura y aroma

Un estudio de la Universidad de Vigo sobre la percepción de sabores en la edad, dirigido por González Carnero, apunta que el paladar infantil alcanza pronto la madurez. Aunque el niño no sepa distinguir el nombre de los sabores, es capaz de discriminarlos. Entre ellos, el dulce es el más inmediato, el más básico. Por ello, cuando otro sabor dulce supera al de la fruta, se tiende a identificar ambas percepciones y justificar una elección. Es habitual que se abandone la fruta. Para evitarlo, conviene dotar a la pieza de personalidad propia. Si hay que elegir, ambas opciones serán frutas.

El paladar infantil es capaz de discriminar los sabores, aunque el niño no sepa distinguir sus nombres

Otra pauta importante es acertar con el modo de presentación. A algunos niños les gustan las frutas solas, mientras que otros las prefieren en macedonia, en trozos, peladas o sin pelar. La manera en que se tome la fruta no es determinante, pero no se debe considerar un zumo como una fruta y, mucho menos, si no es natural. La forma de presentación puede ser el factor que marque la diferencia entre la apetencia o inapetencia del niño por la fruta. Éste es el caso de una colorida macedonia, un suculento crepe con hilos de chocolate, la compota, las frutas gelatinizadas o en granizados y los polos de sabores.

Las frutas también pueden ser los ingredientes más llamativos de diversidad de recetas que conforman el menú, como ensaladas, guarnición de segundos platos e, incluso, de recetas más complejas y energéticas para deleitarse en días especiales, como tartas, tartaletas, flanes y un largo listado que forma parte del recetario de postres de CONSUMER EROSKI.

El color es tan apetecible como la textura, si está en su punto, ¿pero qué sucede con el aroma? Es el rasgo al que menos importancia se da, a pesar de formar parte del conjunto. La fruta apenas desprende aroma: lo ha perdido en el proceso de recogida y distribución y, el olor que conservaba, lo pierde en el almacenaje. Pero de un aroma neutro la pieza puede pasar a un aroma contagiado y estropearse. Por eso, hay que guardar la fruta en la bandeja inferior del frigorífico o en un recipiente en el exterior, en un lugar fresco y protegido de la luz solar directa.

HASTA DIEZ VECES

En su libro “Niños, a comer. Evita la obesidad del niño y adolescente”, la doctora especialista en alimentación infantil Marta Garaulet indica que pueden ser necesarios hasta diez intentos para que el paladar acepte un nuevo sabor o una nueva textura. Por ello, invita a los progenitores a aplicar la “regla del 10″, ya que los niños no aceptan de forma natural los nuevos sabores y alimentos, sino que necesitan tomarlos en repetidas ocasiones antes de admitirlos en su alimentación.

Pueden ser necesarios hasta diez intentos para que los pequeños acepten un nuevo sabor o una nueva textura

Hay que perseverar porque el esfuerzo merece la pena. El gusto se forma y hay etapas en las que es más fácil lograr el éxito. Organizar la comida familiar para que sea sana es difícil, asegura Garaulet, pero la fase de aprendizaje, entre los dos y los cinco años de edad, es el momento idónea para la adquisición de hábitos y la fruta, la verdura y el pescado “deben estar presentes para que los pequeños comprueben que es bueno comer de todo”.

Admite que todas las personas saben qué deben hacer, pero “lo difícil es adivinar cómo conseguirlo”. En ocasiones, se requiere que el niño pruebe el nuevo alimento de 5 a 10 veces para que acepte el nuevo sabor, pero no hay que desistir en el intento. Si el pequeño se acostumbra a comer nuevos sabores desde edades tempranas, sobre todo frutas y verduras, comerá de manera adecuada en el futuro y mantendrá un peso corporal equilibrado.

Autor: Por MAITE ZUDAIRE

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Contaminantes químicos alimentarios

Abril 18th, 2010

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski,  de la que se ha realizado la siguiente copia.

Efectos de los contaminantes químicos alimentarios

Estas sustancias, que llegan a los consumidores a través de la dieta, tienen efectos perjudiciales en el cerebro durante la gestación y los primeros años de vida

Los contaminantes químicos presentes en los alimentos son, a menudo, consecuencia de la contaminación ambiental. Llegan hasta ellos a través del suelo, el aire o el agua. Este hecho se agrava con el uso de sustancias pesticidas, farmacológicas, abonos y otros productos químicos utilizados en la industria. Entre los posibles efectos adversos sobre la salud humana, destacan las consecuencias en el cerebro durante la gestación y los primeros años de vida. Los contaminantes químicos que más preocupan son los orgánicos persistentes (COP). Por su naturaleza acumulativa, tanto en el medio ambiente como en la cadena trófica, se concentran en la pirámide alimentaria hasta llegar a las personas. Es el caso del metilmercurio o los PCB (bifenilos policlorados), que se acumulan en el medio marino y de ahí pasan a los peces, que ingieren después los seres humanos. Otros contaminantes, como los metales pesados (aluminio, mercurio, manganeso o plomo) también tienen un efecto neurotóxico en el organismo. Los alimentos son la principal vía de exposición y, aunque en la actualidad su uso está regulado y muchos de ellos se han prohibido, no es posible eliminar por completo su presencia del entorno debido a su persistencia y baja degradación.

- Imagen: Lynne Lancaster -

Un cerebro en desarrollo resulta muy vulnerable a la exposición de las sustancias químicas contaminantes en agua y alimentos. Las investigaciones realizadas al respecto han constatado que, entre los posibles efectos adversos sobre la salud humana, las consecuencias de mayor importancia son las detectadas en el cerebro durante la gestación y los primeros años de vida. Aunque el cerebro adulto es inmune, incluso niveles bajos de contaminantes llegan al embrión a través de los alimentos ingeridos por la madre, que traspasan la barrera placentaria. Durante la lactancia, sustancias como algunos COP presentes en la leche materna inciden de forma negativa sobre el desarrollo cerebral del bebé.

Del mismo modo, durante las edades más tempranas, una alimentación con alta incidencia de contaminantes químicos puede ser el origen de este tipo de problemas. En ocasiones, las consecuencias adversas pueden ser permanentes y abarcan deficiencias psiconeurológicas, como trastornos de atención, alteración de función motora, lenguaje y memoria o disminución de la capacidad cognitiva. Diversos estudios sobre poblaciones en las que convergen los factores de alta concentración de contaminantes marinos, unido a una dieta muy rica en pescados, demuestran un elevado aumento de este tipo de alteraciones entre la población infantil.

Zonas más contaminadas

En el caso de los países nórdicos o Islas Feroe, donde se analizó el nivel de PCB, se detectaron concentraciones significativas en la leche materna porque, a pesar de que la zona estudiada no estaba cerca de las posibles fuentes contaminantes, los vientos y corrientes marinas los arrastraron hasta estas regiones. Más allá de este dato, recientes investigaciones apuntan que los efectos nocivos sobre el desarrollo cerebral no están sólo restringidos a las zonas contaminadas, sino que pueden originarse en otros lugares urbanos de casi cualquier parte del mundo.

Deben investigarse los efectos de los contaminantes químicos en dosis bajas y su posible interrelación con enfermedades cerebrales

Pese a los resultados, los especialistas concluyen que es muy difícil cuantificar la incidencia real de los efectos sobre el desarrollo cerebral porque se desconoce el nivel de riesgo de cada zona, así como los límites tolerables de muchos de ellos. Además, su detección y cuantificación precisa a menudo de sistemas y métodos de análisis muy sofisticados. Como consecuencia, y debido a la gravedad y dificultad de evaluación del problema, es imprescindible investigar los efectos que tienen estos contaminantes químicos alimentarios en dosis bajas y su posible interrelación con enfermedades cerebrales.

Algunos estudios, como los llevados a cabo por el Laboratorio de Neurobiología del Centro de Investigación Príncipe Felipe, en el Programa Marco de Investigación de la UE, muestran que estos contaminantes neurotóxicos afectan al desarrollo cerebral en dosis mucho menores que las necesarias para desencadenar otras afecciones como cáncer. Estos resultados permiten conocer cuáles son los compuestos más perjudiciales, sus niveles tolerables y sus mecanismos de actuación. Por este motivo, se facilita el desarrollo de tratamientos curativos, así como sus límites permisibles en alimentos y agua.

Manganeso, metilmercurio, aluminio y zinc

Además de los trabajos realizados por este centro de investigación, resalta la labor de los grupos de investigadores de la Red INMA (Infancia y Medio Ambiente) en España. Los expertos se centran en el estudio del papel de los contaminantes ambientales más importantes en el aire, en el agua y en la dieta durante el embarazo e inicio de la vida, así como sus efectos en el crecimiento y desarrollo infantil. Pero estos contaminantes no sólo afectan a los niños: la acumulación en el cerebro de determinadas sustancias, como el aluminio o el manganeso de alimentos y agua, se relaciona con el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas en edades avanzadas, como el Alzheimer o el Parkinson.

Debido a la relevancia del tema, se ha celebrado en España un simposio internacional sobre “Alteraciones de la función cerebral inducidas por contaminantes de los alimentos y del agua”, donde los investigadores que estudian la neurotoxicidad y los efectos sobre el desarrollo cerebral de los contaminantes alimentarios han intercambiado información sobre los últimos avances. Las presentaciones versaron, entre otros temas, sobre los efectos neurotóxicos del manganeso en primates no humanos, los mecanismos de toxicidad del metilmercurio, el papel del aluminio en el Alzheimer y el del zinc en las enfermedades neurodegenerativas o los efectos de la exposición a los PCB.

Otra investigación, realizada por la Red INMA, se ha centrado en la exposición de los niños españoles a contaminantes químicos de origen alimentario. Según ésta, se establece una relación entre el consumo de pescado azul de gran tamaño durante el embarazo con niveles más altos de mercurio en el cordón umbilical, así como la presencia de este metal en el cabello con el consumo de pescado azul durante los primeros años de vida. La elevada exposición al mercurio en niños preescolares se relacionó con retraso en el desarrollo cognitivo. Sin embargo, la ingesta materna de pescado de 2 a 3 veces por semana puede ser beneficiosa para el desarrollo neurológico en la edad preescolar.

También se ha comprobado que determinadas sustancias, como los pesticidas organoclorados, podían incrementarse a través de la lactancia materna. Sin embargo, se ha constatado que la lactancia a largo plazo resulta beneficiosa para el desarrollo cognitivo y del comportamiento, además de contrarrestar el potencial impacto de la exposición a estas sustancias químicas a través de la leche materna. Por último, este estudio, realizado en diversas zonas de nuestro país, determinó que niveles de exposición alta a pesticidas organoclorados antes del nacimiento repercuten en un retraso en el desarrollo mental y psicomotriz de los niños.

CONTAMINACIÓN QUÍMICA

Los contaminantes que ponen en peligro la salubridad de los alimentos son de distinta naturaleza. Destacan los contaminantes macroscópicos, que son visibles; los biológicos, como parásitos y microorganismos, que no se ven pero pueden estar presentes en los alimentos; y los contaminantes químicos, como pesticidas, metales pesados o compuestos orgánicos persistentes (COP). Cuando se consume un alimento contaminado se sufren alteraciones y se desarrolla una enfermedad de origen alimentario. Otras veces, la exposición a contaminantes puede provocar trastornos y dolencias a largo plazo en las que, a menudo, es difícil relacionar los síntomas con la fuente que las causa.

EL CEREBRO

Éste es el órgano principal del sistema nervioso. Sus células, muy especializadas, transmiten a través de impulsos eléctricos toda la información que el organismo necesita para vivir, desde repartir el gasto energético necesario en cada momento hasta alertar cuando hay un peligro. Verdadero ordenador del cuerpo, gracias a él se tienen experiencias como pensar, emocionarse o aprender. Su complejo desarrollo embrionario es muy sensible a agresiones debidas a la exposición a determinados contaminantes químicos, para los que el cerebro actúa como un órgano diana.

Autor: Por MAITE PELAYO

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Mala costumbre comer viendo la tele

Abril 11th, 2010

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski,  de la que se ha realizado la siguiente copia.

Comer y ver la tele, una mala receta

Esta costumbre favorece la elección de alimentos menos saludables y la ingesta de mayores cantidades

Utilizar la tele como aliado para lograr que niños y adolescentes coman no es buena idea. Es un recurso tramposo que reduce la alimentación a un papel secundario y fomenta hábitos poco saludables. Un estudio de la Universidad de Illinois (EE.UU.) asegura que la ingesta ante la pequeña pantalla, en el sofá del salón o en la mesa, favorece el incremento de la cantidad de comida y la reducción de su calidad.

Descontrol de cantidad y calidad

- Imagen: Robert S. Donovan -

El momento de desayunar, comer, merendar y cenar puede resultar difícil, provocar estrés e, incluso, motivar peleas familiares. A menudo, estas situaciones son inevitables porque, como en toda adquisición de buenos hábitos, a comer se enseña y se aprende, una tarea que no es fácil. Comer bien, sano, es consecuencia de una buena educación y de cumplir con una serie de normas. Desterrar la tele es una. Y a tenor de las últimas investigaciones, una de las más básicas.

Uno de los perjuicios es el descontrol. Éste se evidencia en un estudio firmado por Brian Wansink, doctor del Departamento de Marketing y Ciencia Nutricional de la Universidad de Illinois (EE.UU.). En él, se analizan los factores ambientales que animan a un incremento de la cantidad de comida y definen el tipo de alimento. La evidencia científica asegura que tener la costumbre de comer delante de la televisión, se haga en un sofá o en una silla, en la cocina o en la sala, conduce a la elección de alimentos menos saludables y a la ingesta de mayores cantidades.

El experto incide en que alimentarse de manera inconsciente, mientras se presta poca atención y poco gusto por la actividad en sí, lleva a los adultos, niños y adolescentes a comer más y peor. En conclusión: es más sano y más sabroso no compatibilizar la comida con la televisión. Alimentarse es algo serio a lo que conviene prestar toda la atención.

La publicidad influye

Al peligro de ahondar en el sedentarismo si se tiene el mal hábito de ver durante muchas horas la televisión, se suma el riesgo de convertirse en un objetivo fácil para la publicidad, que se revela insana. CONSUMER EROSKI analizó desde un punto de vista dietético 6.300 anuncios emitidos en 12 cadenas de televisión y concluyó que los spots dirigidos al público infantil fomentan el consumo de productos que propician la obesidad.

De la publicidad que pueden ver los niños y adolescentes mientras comen y miran la tele, según se desprende del citado estudio, casi la mitad de los anuncios relacionados con alimentos no se pueden incluir en una dieta saludable. Es más, “predominan los anuncios de productos con demasiados azúcares y grasas, mientras que brillan por su ausencia los de verduras y frutas”. En consecuencia, a los jóvenes televidentes les llega una información incoherente con los mensajes que el adulto, quien le procura la comida, le quiere transmitir. No considera atractiva la comida que tiene en el plato.

La publicidad que pueden ver los menores mientras comen y miran la tele agrupa alimentos que no pueden incluirse en una dieta saludable

Juan Madrid, experto especialista en endocrinología y nutrición del hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, publicó un libro titulado “Conoce la verdad de los alimentos anunciados en TV, tú puedes”. El manual evidencia que, en ocasiones, las personas se dejan influenciar demasiado por los anuncios televisivos, que se venden muchos alimentos con promesas de una vida más sana y feliz si se consumen o que ayudarán a adelgazar o a tener más energía.

La influencia de los mensajes publicitarios sobre el público infantil es indiscutible y, por ello, desde la Asociación Española en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y la Bulimia (ADANER), se ha solicitado que la retransmisión de anuncios de adelgazantes o intervenciones de cirugía estética se prohíban durante la ventana de protección al menor (entre las seis de la mañana y las diez de la noche).

La iniciativa, que en el trámite parlamentario cuenta con el apoyo mayoritario de la Cámara, persigue que los menores no se expongan a mensajes que inciten al rechazo de la autoimagen, la marginación social por la condición física o el éxito por factores de peso o estética.

FOMENTA EL SEDENTARISMO


- Imagen: Carina S. -

Comer es una actividad necesaria, gratificante y primaria. Supeditarla a hacerlo delante de la televisión la reduce a una acción secundaria y accidental. Lleva a tomar distancia con la alimentación y a perder conciencia de su importancia. Es comprensible e inevitable que, en ocasiones, los padres se ayuden de la televisión -o de un reproductor de imágenes- para lograr que los hijos coman, que premien un buen comportamiento y permitan ver los dibujos durante la cena o que dejen a los niños delante de la tele para que los adultos puedan disfrutar de una comida.

Estas actuaciones son naturales. Pero hay que estar alerta y ser conscientes de que comer y ver la tele a la vez es un mal hábito, una mala costumbre. Lo es, entre otras razones ya citadas, porque comer no es una actividad lúdica para momentos de ocio. Si se contempla así, se establece como hábito pasivo: “me dejo alimentar sin prestar atención a qué hago porque mi interés está ajeno a ese acto”, “no interactúo en un proceso importante como es mi nutrición”.

En definitiva, aunque en principio ayudarse de la tele para introducir alimentos en la boca o en la dieta pueda parecer más fácil, a la postre es un truco que esclaviza y los malos hábitos son muy difíciles de erradicar.

Autor: Por MAITE ZUDAIRE

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El aceite beneficioso para la salud

Abril 4th, 2010

Este escrito ha sido publicado por la Revista Consomer Eroski, de la Fundación Eroski,  de la que se ha realizado la siguiente copia.

Aceite: oro líquido para la salud

Dentro de los aceites vegetales, el de oliva encabeza la lista de beneficios para el organismo, pero no es el único con propiedades saludables

El zumo más consumido en nuestro país no se obtiene de la naranja, sino de la aceituna. El aceite de oliva es un tesoro gastronómico que conjuga como pocos el placer para el paladar y el cuidado de la salud. Ayuda a disminuir el colesterol malo del organismo, lo protege del riesgo de padecer enfermedades coronarias, facilita la digestión y además, contiene propiedades antioxidantes. Y todo ello sin dejar de ser un clásico en los aliños de ensaladas, un recurso que aporta personalidad en las salsas y el mejor compañero en las frituras. Ahora bien, el aceite de oliva domina, pero no monopoliza. El de girasol se mantiene como el segundo tipo de aceite más consumido en nuestro país. En muchos hogares, su modesto precio es su mejor carta de presentación. Pese a que la fama, bien merecida, la acapara el aceite de oliva, el de girasol representa una alternativa económica que también destaca por sus propiedades nutritivas y cuyo consumo aporta efectos cardioprotectores. Para exprimir al máximo sus propiedades, es recomendable conocer sus atributos para el organismo y seguir unos sencillos consejos en su uso y conservación.

El milagro del aceite virgen extra


- Imagen: Pawel Kryj -

El aceite de oliva es un bálsamo para el cuerpo gracias a su composición: cerca del 85% de la grasa que contiene es insaturada, la más saludable. En ella se concentran ácidos monoinsaturados como el oleico, que es el más equilibrado, y el poliinsaturado ácido linoléico. Este cóctel nutritivo ayuda a disminuir el colesterol malo (LDL-c) del organismo al mismo tiempo que conserva el bueno (HDL-c) y, en consecuencia, previene las enfermedades cardiovasculares. El listado de remedios no acaba ahí. El aceite de oliva también ayuda a mantener baja la presión sanguínea y alivia los efectos de la artritis. Gracias a su poder antioxidante, este tipo de aceite mejora el flujo cardiovascular y ayuda a retardar el proceso de envejecimiento de las células. Además, contiene vitaminas A y E, y su consumo contribuye a mejorar el aspecto y tersura de la piel. Entre los distintos tipos de aceite de oliva que se comercializan, el más apreciado en el ámbito culinario y nutricional es el aceite de oliva virgen extra. Es la máxima categoría comercial y se obtiene del prensado de las aceitunas sin otra manipulación que la mecánica. No puede superar una acidez de 0,8º. Le sigue en la clasificación el aceite virgen, para el que se sigue el mismo proceso de elaboración que el anterior, aunque su puntuación en la cata es más baja y su acidez es diferente, tiene un máximo de hasta 2º. Estos números representan el porcentaje de ácidos grasos libres, ácidos que aparecen cuando las aceitunas se encuentran en mal estado o el aceite ha sido inadecuadamente tratado o conservado. Por tanto, en los aceites vírgenes, a menor acidez, mayor calidad. El tercer tipo se denomina aceite de oliva. Es el más consumido y está compuesto por una mezcla de aceite de oliva refinado y virgen. En esta clase de aceite el grado de acidez (el máximo permitido es 1) no es un indicador de calidad. Por último, se halla el aceite de orujo de oliva, que no pertenece a la familia de los vírgenes y es el de peor calidad.

El aceite de girasol también cuenta

El de girasol es, junto al de soja y el de maíz, un aceite de semillas. Está formado por grasa en un 99,9%, al igual que el de oliva. En su composición sobresalen los ácidos grasos poliinsaturados, de los que destacan el ácido linoleico (omega 6) y el ácido alfa-linolénico (omega 3). Estos ácidos grasos son componentes importantes de las membranas celulares, son necesarios para el crecimiento y la reparación de las células, y están relacionados con sustancias del organismo responsables de regular la presión arterial, la respuesta inflamatoria o la coagulación sanguínea. Los dos se consideran esenciales y deben consumirse a través de los alimentos, ya que el organismo no los puede producir por sí solo. El aceite de girasol también aporta grasa monoinsaturada en forma de ácido oleico, pero en menor cantidad que el que se encuentra en el aceite de oliva.

El de girasol ejerce a su vez una acción antioxidante ya que es, después del aceite de germen de trigo, el más rico en vitamina E. Por otro lado, las grasas poliinsaturadas que contiene el aceite de girasol generan efectos cardioprotectores en el organismo: ayudan a reducir los niveles de triglicéridos, disminuyen el riesgo de formación de coágulos sanguíneos y previenen la trombosis y los accidentes cardiovasculares-cerebrovasculares. La vitamina E que proporciona este aceite ayuda a evitar la oxidación de las células del organismo y a protegerlo de la acción de los radicales libres. Esto se traduce en un menor riesgo de padecer enfermedades degenerativas como la arterioesclerosis y ciertos tipos de cáncer. Pero las bondades de este alimento tan completo no acaban aquí, ya que sus propiedades beneficiosas son mayores cuando el aceite que se consume pertenece a la categoría de “alto oleico”. Una denominación que se obtiene a partir de semillas de girasol especiales. El resultado es un aceite con propiedades muy similares al de oliva. Sin embargo, no comparten el mismo precio. Es una alternativa intermedia. Ni cuesta tanto como el de oliva, ni es tan económico como el de girasol convencional.

Aceite: oro líquido para la salud

Dentro de los aceites vegetales, el de oliva encabeza la lista de beneficios para el organismo, pero no es el único con propiedades saludables

Los aceites que más perjudican nuestra salud

- Imagen: duygu agar -

Los aceites de coco y de palma no comparten ni composición saludable ni propiedades beneficiosas con el resto de aceites vegetales. Estos aceites, a diferencia del resto, concentran en su composición ácidos grasos saturados. En el aceite de oliva y en los de semillas (girasol, maíz, soja), las grasas saturadas apenas alcanzan el 10-13% del total de su grasa, mientras que en el aceite de coco suponen el 90% y en el de palma más del 50%. El principal problema es que el uso de los aceites de coco y palma se ha extendido entre la industria alimentaria, en particular en la elaboración de bollería, repostería, pastelería industrial, en los snacks y los productos precocinados y helados. Se camuflan bajo la denominación de “aceites vegetales”, término que puede confundir a un consumidor profano en la materia, que asocia “vegetales” con “saludable”. El consumo frecuente y abundante de grasas saturadas tiene un vínculo directo con el aumento de los niveles de colesterol, de manera que aumenta el riesgo de trastornos cardiovasculares. De ahí que se insista en comparar ingredientes entre unas marcas y otras, y escoger, siempre que se pueda, aquellos productos que especifiquen el tipo de aceite vegetal que añaden; oliva, girasol, maíz, soja…

Cómo reutilizar el aceite de forma saludable

  • El aceite de oliva es el más adecuado para freír. Es el que mejor resiste las temperaturas de hasta 160º-200º necesarias. Es el más estable y el que se descompone más lentamente. Otra ventaja: impregna menos al alimento frito, con lo que el aporte calórico extra es menor.
  • Conviene no mezclar nunca aceite nuevo y usado, tampoco aceite de oliva con otro de semillas. Estos productos tienen diferentes puntos de humo. El de oliva aguanta una mayor temperatura que el resto y, si se mezclan, uno quema al otro y se generan sustancias irritantes y potencialmente tóxicas.
  • Se recomienda evitar el sobrecalentamiento. Es preferible no sobrepasar durante la fritura una temperatura de 170ºC. Si se utiliza una freidora eléctrica, se puede regular el termostato y evitar que el aceite no humee ni se oscurezca. Si la temperatura es demasiado elevada también se generan sustancias irritantes y potencialmente tóxicas, por lo que se deberá desechar siempre el aceite sobrecalentado.
  • Los alimentos deben estar secos, ya que el agua favorece la descomposición del aceite.
  • Es aconsejable filtrar el aceite después de cada fritura para eliminar restos de alimentos, que son proclives a su oxidación y descomposición.
  • Hay que cambiar con frecuencia el aceite de fritura. Su aspecto (con restos de alimento, oscurecido, denso o líquido…) será el que marque un nuevo uso (el máximo sería cuatro) o su retirada.

Los trucos más socorridos

  • Si la botella de aceite se ha espesado demasiado por el frío hay que sumergir la mayor parte de la botella en un barreño de agua caliente, pasados unos minutos se agita con fuerza y el aceite quedará más fluido.
  • Para evitar que el aceite salte cuando se está friendo algún alimento hay que dejar flotar media cáscara de huevo muy limpia durante la fritura.
  • Con el fin de impedir que el aceite salpique cuando se calienta porque tiene algo de agua el recipiente, hay que añadirle un poco de sal cuando comience a calentarse.
  • Para comprobar si el aceite está en su punto para freír, nada mejor que echar una miga de pan, que deberá dorarse, pero sin quemarse.
  • En ocasiones el aceite usado queda turbio. Una forma de que quede transparente para luego poder colarlo y conservarlo limpio para otra ocasión es freír en el aceite turbio una ramita de perejil y colarlo después. Si sigue turbio se puede colar por un filtro de los que se utiliza para el café, una vez que el aceite se haya enfriado.
  • Si se desea que los alimentos empanados o rebozados queden más crujientes y menos aceitosos, se puede añadir una cucharada de agua por cada huevo batido. Una vez fritos, conviene colocarlos sobre papel absorbente de cocina para eliminar el exceso de grasa.

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La Buena Salud

Abril 4th, 2010

Este escrito ha sido publicado por la revista En Buenas Manos,  de la que se ha realizado la siguiente copia.

Gozar de buena salud

Gozar de buena salud o tener una buena calidad de vida es uno de los bienes más preciados y que deberíamos de valorar, realmente, en su justa medida.


Hasta tal punto que, en torno a la salud o la enfermedad se ha creado un gran complejo de disciplinas, de tecnologías punta, investigaciones farmacológicas, ciencias milenarias de oriente, fisioterapias naturales, medicinas blandas y hasta sanaciones milagrosas. Hemos sofisticado tanto el tema de la sanación que es posible cambiarnos el fallido corazón en el quirófano, hacer una microcirugía de córnea, o ver nuestro cerebro rebanado en cortes multicolores a través de un scanner.

Debería ser imposible estar enfermos

Hoy en día todo es posible para estar sanos: fotografiar el áura, localizar electrónicamente los puntos de los meridianos y activar los chakras mediante colores y sonidos. Más imposible. Ya no es necesario ir de peregrinación a Lourdes para gozar de buena salud; cualquier sanador filipino te mete en dos minutos las manos en los higadillos o en los ojos y te saca negruzcas masas gelatinosas de energía negativa, todo ellos sin producir herida ni dolor, como el que mete las manos en el agua y no deja ninguna cicatriz acuosa.

Y aquí no acaba la historia. Ahora es posible operar con robots a los que no les tiembla el pulso, y dentro de poco podrás elegir que te opere el cirujano Smith de Nueva York sin moverte de Sabadell. Con la biotecnología los diabéticos producirán insulina felizmente, y podremos anticipar la demencia senil ya en la misma cuna. Es toda una monería aunque de insospechadas consecuencias puesto que, también se podrá elegir el color de ojos -el que esté de moda, e inyectar células inteligentes cuando la memoria empiece a fallar.

Terapias mágicas para estar sanos

Mientras tanto tenemos dodecaedros para armonizar la energía, ionizadores para filtrar el aire, pulseras para imantar la sangre y adhesivos para contrarrestar los nudos energéticos de las corrientes subterráneas. Podemos llevar un cuarzo rosa en el pecho, dormir cara al norte, sentarnos en sillas anatómicas y respirar esencia de romero o de madreselva. Es evidente que recursos no nos faltan para gozar de buena salud y acabar con cualquier enfermedad.

Con todo, los hospitales están repletos y las listas de espera de los cirujanos se vuelven eternas. Las empresas farmacéuticas hacen su agosto y campan a sus anchas. ¿Qué es lo que ocurre? Parece que cuanto más medios, menos sana es nuestra sociedad. ¿Creemos que el secreto para gozar de buena salud va a venir de algún producto mágico, alguna droga inmortal, alguna terapia infalible?

¿Cuál es el secreto de la salud perfecta?

¿Tal vez quiere decir todo esto que hemos perdido ese instinto natural que sabe cuando hemos de reposar o dejar de comer para restablecer el equilibrio? ¿O es que hemos identificado gozar de buena salud con niños rollizos, deportistas incansables, vegetarianos longevos, y pensamos que la salud se esconde detrás de las vitaminas, de la dieta impecable, o de la disciplina diaria corporal?

Buscamos que nos digan qué tenemos

Curiosamente, parte de la respuesta, la hemos de buscar a nivel social y en cómo vivimos la enfermedad. En una sociedad maniqueísta como la nuestra en la que oponemos enfermedad a salud y nos sentimos incómodos ante cualquier estado alterado de nuestro cuerpo, es fácil entender toda la parafernalia en torno a esta dicotomía salud-enfermedad. Ante el «no sé qué me está sucediendo», nos sentimos profundamente inseguros y recurrimos, por lo tanto, al médico, al terapeuta naturista o al curandero.

Buscamos una respuesta, un diagnóstico, una explicación válida que nos calme, que disuelva el misterio que nos corroe por dentro.
Buscamos un gesto tranquilizador y un sistema que ponga orden a nuestro interior. De tal manera que podemos dormir peor o mejor con un cáncer de segundo o tercer grado, tipificado y tratado, que con una reacción misteriosa corporal que nadie sabe lo que es.

Medicina sólo hay una

Lo divertido es que la población vacunada no se salva de la epidemia más que la que no estaba vacunada, o que las épocas en que hacen huelga los hospitales, la población mejora saludablemente. O que los recursos tradicionales, no lógicos, mágicos, son tan efectivos o más que los más vanguardistas y científicos para estar sanos.

Seguimos yendo al curandero de turno con estetoscopio o amuletos para que nos pongan sus manos y nos arropen con sus jergas médicas ininteligibles o sus cánticos mágicos también ininteligibles. Lo que haga falta con tal de poder gozar de buena salud.

Para estar sanos lo que necesitamos es ser escuchados

Esta demanda de orden la podemos ver claramente en sociedades simples-mal denominadas primitivas-cuyo chamán o curandero se esfuerza por asociar la enfermedad con tal embrujo; la epidemia con un castigo divino y el dolor de muelas con una raíz que tenga forma de diente, y así sucesivamente. Todo esto para que el mundo sea humano, comprensible, vivible.

Nosotros no estamos tan lejos. Pedimos ver nuestros males en una radiografía o en la fórmula de un análisis. Pedimos que el médico o el sanador tenga un discurso de seguridad y pedimos ser tratados como enfermos donde ser escuchados, reubicados en otro orden al cotidiano, y poder recibir regalos y mimos.

Todo ello necesario en un mundo tan ajetreado como el nuestro que se olvida de permitir un ritmo más propio. Por eso la sociedad está pidiendo a gritos un cambio, al querer ser hospitalizados, atendidos, visitados porque no aguantamos más, porque este ritmo es deshumano. Así, evidentemente, es imposible gozar de buena salud.

La adaptación clave del éxito

Estar sanos no es ponerse nunca enfermo.
Estar sanos es tener una flexibilidad interna grande que nos permita adaptarnos a cada situación y hacer los reequilibrios necesarios para ello.

Gozar de buena salud es ampliar la capacidad de tensión y distensión, considerar al cuerpo tan sabio que él mismo pueda buscar sus recursos cuando tenga la suficiente sensibilidad de reacción aunque a veces, hayamos de ayudarlo un poquito.
Gozar de buena salud es toda una educación del no hacer, de la escucha y el respeto.

Por eso, cuidar al cuerpo y mantener la salud, no es precisamente envolver el cuerpo en algodones, darle de comer pienso ultradigerible, rodearlo de máquinas que mantengan sus constantes de vida, o insuflarle energía por un tubo. Cuidar al cuerpo y mantener la salud es lograr cada vez una mayor autonomía, dejar que el cuerpo reaccione y se adapte con lo que interactúa con él.

Gozar de buena salud implica, a veces, descuidarlo para que encuentre un hacer más espontáneo, y sobre todo, quitarle el miedo de la muerte, del dolor y de la incertidumbre que muchos son los que viven a costa de ellos. Salud.

Julián Peragón

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